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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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23 Febrero 2017 03:00:00
Si usted se va a suicidar, lea esto
La vida no es fácil para nadie. Podrá usted tener el dinero suficiente como para satisfacer sus necesidades inmediatas o para adquirir todo lo que se le ocurra y aun así experimentará frustraciones y angustia, será sometido a diferentes estresores y sufrirá pérdidas afectivas y conflictos existenciales. Pero estas angustias, que normalmente se pueden manejar, cuando se suman a otros elementos pueden hacer una implosión que le hará sentir que la vida ha perdido su significado y que no tiene caso luchar por la existencia: ahí se inicia la idea del suicidio.

Suicidarse tampoco es una decisión fácil ni cómoda: es una acción desesperada para resolver un conjunto de elementos que están asfixiando a la persona y que le impiden pensar lógicamente, que le conducen a una alternativa dictada por el principio del menor esfuerzo y la persona generalmente es muy sensible a esta vía de solución porque ya está muy cansada. El suicidio es una acción que no se toma de manera espontánea, sino que requiere de tiempo, sufrimiento creciente y varios elementos que se deben conjugar para la implosión final: la víctima (de sí mismo, si usted quiere, pero víctima al final) debe estar viviendo en una situación de pérdida de expectativas, porque ni le gusta en lo que se ha convertido, ni lo que está haciendo, ni lo que pudiera ser y hacer en el futuro. Además, el sufrimiento experimentado le ha hecho sentir que merece castigo, que no vale demasiado (nadie con autoestima adecuada se suicida, excepto los militares japoneses) y que el dolor final lo liberará del dolor presente.

Y eso no es todo: se hayan dado cuenta o no sus familiares o amigos cercanos, ha estado experimentando trastornos depresivos (aunque también en otros tipos de trastorno; 10% de los esquizofrénicos se quitan la vida), trastornos depresivos que se manifiestan como cambios en los hábitos de comer (demasiado o demasiado poco), en los de dormir, en levantarse con sensación de fatiga, en el enlentecimiento sicomotor, que incluso les altera el uso de la voz, pues empiezan a hablar en tonos cada vez más bajos, hasta hacerse inaudible o dejar de hablar, excepto a preguntas directas. Pero también pueden presentar agitación, sudoración, a la par que la sensación de que debe hacer algo, pero sin precisar qué. Y no sólo eso, sino que pierden mucho la concentración en lo general y el pensamiento objetivo, generando ideas obsesivas sobre los temas que más le angustian, entrando en un círculo vicioso que lo destruirá al final. Y lo peor de todo, es que el depresivo pierde la capacidad de disfrutar, de sentir placer, de emocionarse con lo que antes le pudiera apasionar. Sufre un aplanamiento de la excitación (la anhedonia) que, junto a una incapacidad profunda de comunicarse, le asesta el golpe final.

Como se puede ver, el suicidio está muy lejos de ser un capricho, una salida espontánea y poco reflexionada. Es cierto que gran parte de los suicidios tienen como facilitador el alcohol o las drogas, pero no son causa, sino catalizadores que actúan como intermediarios entre el deseo de muerte y la acción suicida. Pero otros suicidios no necesitan estos catalizadores, sino un precipitador afectivo, como una discusión o enfrentamiento con alguna persona significativa. Tal le sucedió a la mujer de 22 años, madre de cinco niños, que la noche anterior había discutido con su pareja y que se colgó en el patio de su casa.

En lo que va del año, 14 suicidios se contabilizan en Saltillo. Aun cuando México no es de los países que más pérdidas humanas tienen en este rubro (en México, 7 hombres por cada 100 mil, en Corea 41, en Rusia 35, en Japón 26, en Finlandia 22, en Estados Unidos 19 o en Cuba18), aun así debemos preocuparnos porque año con año la cifra está aumentando: en tanto que el anterior enero fueron 9 suicidios, en este se presentaron 11.

Esto nos obliga a preguntarnos si realmente las campañas institucionales (sea del Gobierno, sea de las universidades o de las ONG) están dando resultados o requieren retroalimentarse y dejar fuera las intenciones de imagen política, asumiendo la labor sustantiva de salvar vidas. Y para establecer las políticas públicas que conduzcan a un programa efectivo, es necesario realizar más investigación científica multidisciplinaria que adecue los proyectos internacionales al respecto con las condiciones concretas de nuestro estado. Tal vez no luzca políticamente, pero se salvarán vidas que no tienen por qué perderse.
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