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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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26 Diciembre 2011 05:08:20
Siglo 21: las guerras inútiles
Todo parecía anunciar que el siglo 21 sería el siglo de la cultura y el conocimiento, así como de la paz y el desarrollo universal.

El 9-11 fue el que nos despertó de nuestro sueño y nos colocó frente a una realidad incontestable: en la Tierra no existe país alguno que sea intocable, aunque sea la primera potencia. Fue ese día el final de todo lo que creíamos, por lo que vivíamos. Todo lo que imaginamos sencillamente se evaporó en muy poco tiempo aquella mañana inexorable.

A partir de ese momento la centuria del conocimiento –heredera del siglo de las luces pero también, del de las dos guerras mundiales– se transformó en el siglo de la violencia y de lo inesperado. Por eso, ahora que se acaba el año 2011 (otro con dos unos) resulta tan paradójico que asistamos a un año cuyo término significa –como le pasó, aunque en otro sentido al 9/11– el final de las certidumbres.

El día en el que empezó el ciclo maldito, es decir, aquel 11 de septiembre siguió con la invasión de Irak y termina con esa escena furtiva y tremenda en la noche, del último convoy, del último soldado estadounidense teniendo que salir con información falsa por temor a los atentados, que abandona la historieta y sobre todo el tremendo error que fue la prepotencia en forma de invasión de Irak.

Obama, que tiene que ser generoso con su antecesor –aunque no se entienda bien por qué– y que en el perdón que él dio a los demás lleva su penitencia, y seguramente su condena histórica, ha dicho que la guerra de Irak será juzgada por la historia.

No hace falta. La guerra de Irak ya está juzgada: fue un desastre de arriba abajo: fue la guerra de la mentira, se violentó todo lo que quedaba del orden internacional basándose en la reacción de un país atacado, humillado, temeroso y que necesitaba hacer actuaciones militares sin precedente como era el caso de Estados Unidos de América después del 9-11 y al mismo tiempo arreglar la balanza entre un padre y un hijo en el sentido de que Bush hijo terminaría lo que Bush padre no se atrevió.

Y el mundo, en su mayoría, cedió. Pero México no, gracias a Alonso Aguilar Zínser y a Fox, aun contra de políticos muy importantes que sí querían apoyar la invasión de Irak como el canciller Castañeda.

A las 5 de la mañana, las rejas que separan el desierto entre Irak y Kuwait fueron abiertas el pasado domingo. Esta ocasión no fue como cuando la primera vez después de la victoria de las tropas estadounidenses en la operación Tormenta del Desierto contra Saddam Hussein, sino fueron abiertas para recibir de noche, de manera furtiva y vergonzosa a un ejército que se retira sin ganar.

El año 2011 ha sido terriblemente duro para todos pero sobre todo para las potencias dominantes. Ni Estados Unidos ni Europa terminan bien, por el contrario, terminan muy mal: han caído desde muy alto y lo peor es que en su caída no se ve el fin, ni para el post-Irak ni para arreglar el problema del euro.

Esas imágenes de los soldados cruzando las verjas del desierto entre Irak y Kuwait son muy parecidas a las que ya vio el mundo –aunque por causas diferentes– al final de la invasión a Afganistán con la salida de un Ejército ruso cabizbajo y humillado.

Es muy difícil vivir con ejércitos. Resulta casi imposible vivir con ejércitos perdedores. Pero es terriblemente insoportable tener un ejército perdedor en un país donde los perdedores son mal vistos.

¿Ojalá 2012 nos permita de verdad sacar las cenizas de lo que iba a ser el siglo de la civilización y empezar a disfrutar con la vaporocidad de las revoluciones de la primavera, llegar a los otoños y a los inviernos universales con cierta paz y la consolidación de los avances que en el desarrollo humano se producen.
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