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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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26 Noviembre 2010 05:10:00
Sin caballada
“A mi novio le gusta que le dé lambiditas en el lóbulo de la orejita”. Así le dijo una chica a su nutriólogo. “No se preocupe usted -la tranquiliza el dietista-. Cuando mucho han de ser 30 ó 40 calorías”. (¡Vaya circunloquios que debe uno inventar para escapar a la censura de la Pía Sociedad de Sociedades Pías!)... La vaca mora estaba pariendo en el establo. Llegó el pequeño hijo del granjero y se puso a ver aquello. Pensó el hombre: “Ahora tendré que explicarle lo de las abejitas y los pajaritos. Pero no me apresuraré: Voy a esperar a que él me lo pregunte”. El parto se llevó a cabo felizmente: El muchachillo, con ojos muy abiertos, miró al ternero salir del vientre de la vaca.

Acabado el trance el niño le dice a su papá: “Quiero preguntarte algo”. “Dime” -respondió inquieto el granjero. Pregunta el muchachillo: “¿A qué velocidad venía el ternero cuando chocó con la vaca y se le metió en la panza?”... De cara a la elección presidencial del 2012 no se puede decir que la caballada del PAN esté flaca. Se debe decir que el PAN no tiene caballada. Calderón preparaba a su delfín, Mouriño. El joven funcionario podría haber dado la batalla, pese a todo, mas la tragedia se lo llevó. No se ve ahora otra figura que pueda competir con los figurones que se han apuntado ya para buscar la Presidencia. Entre los aspirantes panistas hay algunos tan desconocidos como el papá de Whistler.

Eso, y los menguados frutos que la nación ha recogido después de dos sexenios blanquiazules, hará que la contienda sea librada entre el centro priísta y la izquierda perredista y lópezobradorista. El PAN tendrá que optar entre hacer por su cuenta un triste papel que lo pondría en tercera posición en el espectro político -tan espectral- de México, o uncirse al carro de quienes han llamado espurio al Presidente salido de sus filas. La alternativa no parece muy airosa... Un especialista en cosas de sexualidad les aplicó una encuesta a dos casados. Le dice al marido: “Veo una discrepancia en las respuestas de usted y de su esposa. En el renglón correspondiente a ‘Frecuencia con que tienen sexo’ usted puso: ‘Dos veces por semana’. En cambio su esposa declaró: ‘Todas las noches, varias veces’”. “Lo que ella dice es cierto -responde el tipo con enojo-. Y así seguirá hasta que acabe de pagar el coche y lo de las tarjetas de crédito”... La niñita le pregunta al novio de su hermana: “¿Qué clase de pez eres tú?”. El muchacho se desconcierta: “¿Por qué me preguntas eso?”.

Explica la pequeña: “Porque mi hermana dice que ya mordiste el anzuelo”... Don Algón le reclama a uno de sus empleados, individuo haragán e irresponsable: “¿Por qué andas diciendo que yo soy para ti como un padre?”. “Señor -se justifica el tipo-. Usted me dijo el otro día: ‘Para mí tú eres un hijo”. “Es cierto -reconoce don Algón-. Pero no me dejaste terminar la frase”... Los niños presumían de la influencia de sus respectivos padres. “Mi papá -dice Juanilito- desayunó ayer con el alcalde”. “El mío -declara Rosilita- comió con el gobernador”. “Pues el mío -se jacta Pepito- cenó anoche con don Francisco I.
Madero”. “¡Oye! -protestan los otros-. ¡Don Francisco I. Madero murió hace casi un siglo!”. “Ya veo -contesta Pepito sin turbarse-. Ahora entiendo por qué mi papá me dijo que Madero es un hombre bastante tranquilo”... En lo más candente del juicio el fiscal le dice al testigo: “Usted me parece un caballero; un hombre honesto, inteligente; un ciudadano útil a su comunidad”. “Muchas gracias, abogado -replica el testigo-. Yo diría lo mismo de usted; pero desgraciadamente juré decir la verdad, toda la verdad y solamente la verdad”...

Una neurona femenina entró por equivocación en el cerebro de un hombre. Como se vio sin sus compañeras se asustó. Preguntó con temblorosa voz: “¿Hay alguien aquí?”. Nadie le respondió. Llena de nerviosismo volvió a preguntar, ahora en voz más alta: “¿Hay por aquí alguna neurona cerebral masculina?”. A lo lejos, muy lejos, oyó una voz que le contestaba: “¡Estamos acá abajo!”... FIN.
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