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Paúl Garza
Paúl Garza
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21 Mayo 2018 04:00:00
Sin control la injuria y la calumnia en redes sociales
No obstante que las redes sociales a través del servicio informático de la internet se han convertido en los medios de comunicación más veloces para generar un impacto novedoso, así sea constructivo o destructivo, no está debidamente normado para acotar, frenar o controlar el mal uso del contenido digital.

Resulta que cientos o quizás miles de portales se abren con el único afán de dañar o desprestigiar la integridad y el buen nombre de una persona, aun cuando haya superado un antecedente delictivo; para el mundo cibernético no hay vigencia: Será perseguido por esa mala sombra hasta su muerte.

El delito de daño moral está debidamente constituido y tipificado por la vía civil, siempre y cuando se produzca en medios establecidos como la radio, prensa y televisión, pero no parece tener fuerza como prueba lo divulgado y compartido en la internet, en donde el libertinaje de la expresión es el pan de cada día.

Aunque dentro de dichas redes sociales, el Facebook y el Whatsapp los más populares, cuentan con algunas herramientas para denunciar o reportar el contenido de los avisos, mensajes o noticias sin fundamento, nada se puede hacer cuando el daño ya está viralizado.

La difamación, la calumnia y la injuria se están ventilando desproporcionadamente en las páginas virtuales, lo cual ha generado homicidios, suicidios, desintegración familiar, violencia por el daño a la reputación de quienes han sido víctima de ofensas y por ende la ruina de su trayectoria profesional y privada.

Un comentario desfavorable a equis persona instalado en cualquiera de las páginas, en donde aparezca su nombre será leído, tarde que temprano, por algún interesado en contratar sus servicios laborales y podrá no hacerlo por ese mismo motivo, como muchos otros harán lo mismo en otros ámbitos o círculos sociales.

Y todo ello se incuba a través del anonimato con los perfiles falsos donde lanzan crueles insultos, calumnias e injurias, resultado precisamente de la falta de una regulación que controle el contenido sin que ello afecte desde luego la libre expresión.

Como propuestas razonables, desde la prohibición de la apertura de cuentas falsas y la cooperación de los proveedores de los servicios de las mismas, para desenmascarar o evidenciar a quienes cometen este tipo de delitos, así como la contratación de una policía cibernética que elimine todo aquello que no esté respaldado con datos legales del usuario, podrían ser una de las primeras acciones preventivas para poner un alto a este fenómeno mundial.

Y desde luego incorporar el mal empleo o uso de la internet vía redes sociales a la legislación penal o civil con cárcel y sanciones económicas para quien difunda noticias falsas, genere pánico, confusión o simplemente ataque la vida íntima de una familia o de cualquier persona.

Por tratarse de un tema que no terminaría de agotarse, le daremos seguimiento en próximas colaboraciones. ¡Les deseo una excelente semana!
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