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Dalia Reyes
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05 Julio 2018 04:00:00
Sobada
Sucede cuando andamos por la vida con un nudo en la panza, no cual consecuencia de cierto apuro emocional, sino gástrico. Es entonces, y solo entonces, cuando vienen a nuestra mente tantos consejos y constancias de madres y abuelas.

Achaco mis males a ciertos taquitos ingeridos ayer en lugar non sancto, por lo menos para Salubridad, o bien, el postre consistente en esa clase de mescolanzas creadas por el ingenio mexicano cuya barbarie azucarada agrede, primeramente, al orgullo; eternamente, a los niveles sanguíneos. Referente a la cura, todavía no tengo a quién rendirle honores, pues estoy entre el Kaopectate y la tortilla caliente en el ombligo.

Bueno, Conchita acostumbraba curar a Lety colocando una tortilla de maíz bien caliente en su pancita –de Lety-. Luego, supongo, la llevaba a la cocina, aunque nunca tuvo a bien responderme si alguien debía comérsela para concluir con éxito el tratamiento; asumo que el enfermo no. ¿O sí?

Rosita La Usada –esta es una referencia distintiva familiar- nos sobaba el abdomen y sus alrededores con manteca de cerdo. Su empeño nos reportaba un montón de gusto, pero el olor a porcino, la consistencia gruesa de la verdadera grasa animal, nos dejaba peor que el mismo marrano: A los pálpitos estomacales se agregaban vómitos y otras escatologías.

El remedio con aceite de ricino ha sido infalible desde que el hombre tiene memoria, y aceite. Lo daban para depurar los intestinos o desenredarlos, para drenarlos correctamente si algo estaba atorado o curar de espanto. En el último caso, las madres apretaban la nariz de sus chiquillos a fin de encontrar una boca dispuesta a ingerir la pócima extraña; los niños estábamos tan espantados que se nos quitaba, por arte de magia, cualquier mal.

Algo así le pasó a mi primo, quien hace tiempo tuvo accesos de hipo por 24 horas seguidas. Cuando llegamos con él al IMSS, apareció una enfermera dispuesta a inyectarlo con impresionante aparato de tortura –una jeringa de 5 ml-; él montó un invisible corcel que lo sacó de la clínica en dos segundos. Hasta la fecha, en los últimos 15 años, no ha tenido hipo alguno.

A reserva de lo que ustedes digan, sobar se lleva las palmas en los remedios caseros; a menudo no quitan la enfermedad, pero ah, cómo dan cariño.


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