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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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02 Octubre 2016 04:08:00
Sobrevivir a la muerte…
Los resultados del estudio Sobrevivir a la muerte. Tortura de mujeres por policías y fuerzas armadas en México, que Amnistía Internacional presentó a principios de septiembre, son contundentes: en México, la tortura y ataque sexual son prácticas recurrentes de agentes policiales y militares para conseguir confesiones e inculpar a mujeres. Se trata de un trabajo de investigación que se desarrolló durante ocho meses; incluye la incursión en prisiones federales y estatales, donde los investigadores se entrevistaron con 100 mujeres.

El estudio inició en septiembre de 2015; sus cifras son nacionales, pero con algunas particularidades. Por ejemplo, los investigadores encontraron que en 2015 la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Coahuila (CDHEC) recibió más de 400 quejas por detención arbitraria y fue la violación a los derechos individuales que más se denunció. Además hubo 31 quejas por tortura y 192 por lesiones cometidas por funcionarios públicos. El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, de 2004 a 2014 recibió más de 150 quejas por tortura, pero en esos años las procuradurías estatales sólo abrieron una investigación, aun cuando el delito se persigue sin necesidad de que haya denuncia.

De las 100 entrevistas, 10 corresponden a hechos de Coahuila, y de estos, tres a Torreón, entre ellos el de Mónica Esparza Castro, quien en 2013 fue detenida por policías municipales junto a su hermano y esposo. AI y la Comisión Nacional de Derechos Humanos documentaron que a los tres los torturaron y la mujer fue víctima de violación tumultuaria. “La violaron los policías, pero en presencia de militares”, aseguró el informe, en cuya presentación estuvo Martha Eugenia Castro, madre de Mónica, quien se encuentra internada en un centro federal de readaptación social bajo cargos de secuestro.

De las 100 reclusas que Amnistía Internacional entrevistó, 97 aseguraron haber sido víctimas de violencia física durante su detención; 72 fueron víctimas de violencia sexual (ultrajadas, manoseadas, por ejemplo) y 33 fueron violadas por sus captores. “Para AI los datos son preocupantes, pues “el uso de la violencia es algo rutinario” y “muchos casos son por delitos fabricados, donde la admisión de la responsabilidad se obtuvo luego de horas de tortura física y violación sexual”. El estudio concluye que en México “no hay cuerpo de seguridad pública que no haya incurrido en tortura”, y todavía más: “en México hay una realidad donde la tortura y la discriminación no se separan”.

La mayoría de las víctimas son jóvenes, madres solteras, de escasos recursos económicos. Es el común denominador y si las mujeres tienen preferencia sexual distinta a la ordinaria, la discriminación es todavía mayor. De las 100 que se entrevistaron, 12 dijeron ser lesbianas y otras 12 bisexuales, “Por esa condición sexual son víctimas de humillación específica o adicional; 10 estaban embarazadas al momento de ser detenidas y ocho abortaron a consecuencia de los golpes y la agresión sexual. El cuerpo de la mujer es perjudicado”.

La Secretaría de Marina Armada de México es la que más tortura a las mujeres, pero en México la violencia hacia el género es universal, pues la cometen policías municipales, estatales, federales, agentes migratorios y elementos del Ejército.

“Desde 1991 la tortura es tipificada como delito federal y en este periodo sólo se han dictado 15 sentencias condenatorias. Entre 2010 y 2015 ningún elemento del Ejército Mexicano fue suspendido de sus funciones por cometer tortura y abuso sexual, es decir, no hay consecuencias por estos actos. La Policía Federal no supo decir el número de casos y la Marina informó que cuatro de sus elementos fueron suspendidos de sus funciones”.

En una segunda entrega se profundizará sobre la victimización a las mujeres detenidas por su preferencia sexual o complexión física.
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