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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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23 Noviembre 2018 04:00:00
Sociedad en Extinción (parte 2)
El pasado martes 13 de noviembre, el Congreso del Estado aprobó una nueva ley del Registro Civil, en la cual se consigna la posibilidad de que los ciudadanos que así lo anhelen, puedan cambiar en sus registros de nacimiento, tanto el sexo como el nombre por otro con el que se sientan más identificados, o bien por cualquier otro interés.

En el cúmulo de argumentos utilizados por los ocurrentes legisladores, encontré que los diputados cual disco rayado, en todo momento apelaron a la idea de que esta nueva libertad de elección, era parte de las prestaciones del derecho humano al libre desarrollo de la personalidad. De igual forma y para afianzar su escuálido fundamento a voz en pecho, se dijeron satisfechos por la aprobación de esta absurda ley, al señalar que con la misma se beneficiaba a más de 2 mil 500 personas.

Ante tal afirmación nos surgieron dos dudas, ¿en que podrá beneficiarles a estas personas, el poder cambiar el sexo y nombre en su acta de nacimiento?; ¿En que ayudan estas medidas a nuestra sociedad actual? Los anteriores cuestionamientos nacen de la premisa de que, todo proyecto legislativo debe pasar siempre del individual beneficio, al beneficio de la sociedad y este último, siempre debe considerarse más importante que el primero; es decir, de la protección de un derecho particular, a la orientación de conductas; del derecho subjetivo para el caso concreto, a la política pública, todo esto con el fin de armonizar la vida en sociedad.

Es evidente que la tarea legislativa en nuestro estado carece de sentido común, ya que por la falta de oficio, nuestros diputados se dejan llevar por inercias o presiones individualistas que buscan a cualquier precio el bienestar personal como fin primordial, al punto de perder y pasar por encima de todos los valores y principios éticos, sociales y políticos que habían estado constituidos durante mucho tiempo, los cuales funcionaban a la perfección y engendraban ciudadanos de bien, por estar fundados en la regulación del comportamiento humano para convivir en sociedad.

Es decir, que la equivocada dirección que ahora dan los gobernantes a las políticas públicas se funda en la satisfacción del ciudadano desde una perspectiva individualista, la cual se encamina a la liquidación de una vida en sociedad, y es que nada tendría de malo que el hombre tuviera como propósito primordial el ser feliz y dar rienda suelta a sus emociones y ocurrencias, si este se encontrara viviendo en la soledad de una montaña o en cualquier lugar en el cual no existiera interactuación con otros individuos.

Pero la realidad es otra, ya que el individuo se constituye en sociedad por naturaleza, a partir de la relación que tiene con otros, es decir, a partir del examen de los demás el ser humano se va formando en ciudadano y por lo tanto su equilibrio también, el cual va a representar todo el conocimiento que es producido por las experiencias en una sociedad. La ecuanimidad es la cualidad del ser sujeto en sociedad y se construye conjuntamente con nuestra realidad, historia y necesidades, a partir de las experiencias y costumbres de la sociedad en que nos desarrollamos.

Entonces, ¿cuál es la razón, por la que se está cambiando el objetivo de la política, que siempre había sido y debería seguir siendo, utilizar los cargos y dignidades públicas para beneficio común de la sociedad? Continuará…
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