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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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20 Marzo 2017 04:00:00
‘Solecito’ contra la horrenda oscuridad
No han podido los gobernadores ni sus fiscales. No han podido la Procuraduría General de la República (PGR), ni la Agencia de Investigación Criminal (AIC), ni la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO). No han podido nada los medios de comunicación, ni las agencias internacionales.

Sólo esas madres tuvieron los arrestos para excavar con sus propias uñas hasta que dieron con 253 cráneos y 14 mil restos óseos en el predio Colinas de Santa Fe, ubicado al norte del puerto de Veracruz.

“Era un secreto a voces que ahí los enterraban”, confía Lucía Díaz, fundadora del Colectivo Solecito, cuyas mujeres descubrieron 125 fosas clandestinas.

Hace tres años y medio, Luis Guillermo –el hijo de Lucía– fue secuestrado en Veracruz. Después de recorrer oficinas de Gobierno sin ningún resultado se dio cuenta de que sola no podría resolver su dolor.

Abrió entonces un chat en WhatsApp y fue invitando a otras madres de desaparecidos. “Los varones no participan y desconozco la razón”.

Al principio ocho madres fundaron el Colectivo, pero hoy el número llega a 100. “Necesitábamos luz. Porque el horror rebasaba al negro mismo, puse en el perfil del grupo un sol. Entonces se hizo común que las compañeras me preguntaran: ‘¿te envío la información al chat del solecito?’ Y así fue quedándose el nombre”.

Un día vieron por televisión a las madres de los 43 normalistas desaparecidos en Iguala. Esas otras mujeres excavaban en la montaña buscando a sus hijos. “Nos llamaron la atención sus huaraches y nos preguntamos por qué no podíamos hacer nosotras lo mismo”.

Las parientes que extraviaron un hijo en Veracruz se habían vuelto expertas en investigar expedientes dentro del Ministerio Público y también en las oficinas de la Policía. Sin embargo, no fue hasta que vieron a esa gente de Guerrero que les vino la idea.

Pidieron un curso al Equipo Mexicano de Antropología Forense que duró 4 semanas. Durante ese tiempo, entre otras cosas aprendieron a cavar, extraer restos, clasificarlos y a no contaminar la escena del crimen.

El 10 de mayo de 2016, igual a como lo habían hecho el año anterior, las madres del Colectivo Solecito salieron a marchar por las calles del puerto de Veracruz. A mitad del recorrido dos varones descendieron de una camioneta negra y entregaron un mapa a las mujeres del grupo. Después desaparecieron.

“En cuanto lo vi supe de qué se trataba –afirma Lucía–. Era un plano de Colinas de Santa Fe, un predio que mide cerca de 10 hectáreas y dentro de sus límites había marcas sobre los lugares donde luego encontramos las fosas con restos humanos”.

Desde agosto del año pasado estas mujeres trabajan ocho horas diarias buscando en las coordenadas indicadas por ese pedazo de papel. Hasta ahora han hallado 253 cráneos –la gran mayoría son de jóvenes que murieron antes de los 25 años–, además de huesos, ropas, zapatos y otras pertenencias de las víctimas.

De ese universo infernal sólo han sido identificadas dos personas desaparecidas: Pedro Huesca Barradas y Gerardo Montiel. El primero fue Ministerio Público y el segundo su asistente. Hoy tendrían 30 y 29 años respectivamente. Pedro fue un funcionario honesto con estudios de maestría, cuya madre y esposa, en contra de la indiferencia de sus jefes, habían buscado por todas partes.

Aún esperan a ser identificadas 251 víctimas más. Y sin embargo la fiscalía estatal mira de lejos el trabajo forense de las madres. Se contenta con dar fe cada vez que ocurre el hallazgo de un resto humano, pero nada más.

Lucía Díaz precisa: “la apatía de (Javier) Duarte rebasaba lo imaginable… y el gobernador (Miguel Ángel) Yunes no ha sido mejor”.

Tampoco estas madres han recibido apoyo de la PGR. A pesar del descubrimiento masivo de restos humanos, el ministerio público federal sigue dando la espalda a estas mujeres ejemplares.

Sólo los peritos científicos de la Policía Federal han sido solidarios. Lo han hecho por buena voluntad ya que la ley no los obliga en modo alguno a que se involucren en esta ingrata responsabilidad.

“Dicen que hay 30 mil desaparecidos en el país. Todo mundo sabe que eso es mentira. Sólo en Veracruz debe haber 30 mil… No es casual que la autoridad se niegue a aportarnos ayuda. Es que son ellos (las autoridades) quienes desaparecieron a nuestros seres queridos”, concluye Lucía.

ZOOM: Hace dos años Enrique Peña Nieto se comprometió públicamente a que México contaría con una ley destinada a luchar contra la desaparición forzada. ¿Dónde está la norma prometida? Al parecer las prioridades cambiaron y lo urgente ahora es aprobar la ley de seguridad interior que busca legalizar el despliegue militar sobre territorio mexicano, dizque para luchar contra el narcotráfico.
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