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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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26 Noviembre 2017 04:15:00
Sólo abro mi corazón
QUERIDOS AMIGOS:

Con la alegría de estar nuevamente con ustedes compartiendo lo que me nace del alma, mis experiencias de vida y de profesión.

Deseo con el corazón se encuentren con salud y bendecidos.

Este mes de noviembre, como todos sabemos, recordamos más que nunca a los seres queridos que ya están con Dios gozando de su presencia divina, esa es mi fe.

Les cuento amigos que fui a ver la película Coco, me encantó por varios motivos, uno de ellos, porque fui acompañada de una bella y gran amiga, Mónica Ponce, pues era su cumpleaños y la invite a verla, se nos salieron las de cocodrilo.

Ella también libró el cáncer de mama como yo, a Dios gracias, y tantas otras amigas queridas. Otras no la libraron, sin embargo, yo creo que, aunque no lo entendamos así, era su hora y su misión estaba cumplida, aunque el dolor no deje entenderlo, son los misterios de la vida.

La muerte nadie la quiere, da miedo, no la conocen, es decir nuestra cultura es de gran dolor ante este hecho tan real y que nada puede detenerla cuando llega, sólo el que nos creó, Dios.

La película Coco, definitivamente, deja ver muy claro tantas cosas tan lindas de nuestro México querido, como las costumbres y tradiciones, pero también creencias, y aquí se ve claramente el resentimiento que va de generación en generación, por malos entendidos que jamás se dieron a la tarea de sanar; el ego, el dolor no son buenos compañeros, y no dejan ver con claridad estos resentimientos.

Queridos amigos: todo tiene solución menos la muerte. El amor y el perdón pueden ser la solución a tanto dolor.

Yo como tanatóloga innata, decía mi maestra de tanatología cuando estaba estudiando, que ese don de asistir a las personas que están en fase terminal de su vida se me daba con facilidad.

Al estudiar tanatología (lo estudié estando en quimioterapia) me ayudó a entender cosas que me pasaban con las personas que encaminaba a bien morir.

Desde años atrás, mis amigos me hablaban cuando sus familiares estaban ya en fase terminal, algo verían en mí que en tiempos de dolor, enfermedad o problemas, siempre me llamaban y acudía a ayudar con amor.

Aun sin haber estudiado, sólo abro mi corazón, es decir les hablo con amor, con misericordia, las guío hacia ese misterio que es la muerte en la Tierra, confiada que nuestros seres queridos que ya partieron nos esperan con los brazos abiertos.

La intención es que mis palabras lleven paz, amor, comprensión, aceptación, misericordia, empatía… Los conocimientos son aparte, todos podemos en algún momento ayudar a bien morir a alguien. Se necesita amor antes que cualquier cosa.

Todos necesitamos compañía y más, mucho más en esos momentos en que nuestra vida acaba.

Se necesita que los abracen, los escuchen si aún pueden hablar y si no, sólo con sentir que los tomamos de la mano o les acariciamos el cabello, el rostro; hacerles oración, ponerles música que les dé tranquilidad; palabras de paz y de mucho amor, de seguridad, de que sus familiares amados estarán bien cuando partan a la vida eterna, donde la creencia es que van a un paraíso de gozo eterno con Dios.

Esto es algo de lo que yo hago amigos queridos, ayudar a su camino al cielo, es decir, que pierdan ese miedo a lo desconocido y que se puedan desprender de los apegos terrenales: aun cuando su dolor físico sea muy fuerte, el amor a los suyos no les permite morir.

En esos momentos, las familias están alteradas, tristes, aterradas, enojadas, en fin, es un caos, pues hay miedo y es natural y esperado. Mi presencia en esos momentos es para guiar, asesorar, contener en general en esos momentos tan difíciles para el enfermo, que muchas veces es él o ella quien me pide que esté presente cuando dejen este mundo, otras veces es un amigo íntimo o familiar quien me llama y solicita mi apoyo.

Me ha tocado asistir a amigos y amigas queridas, claro que me duele, pero Dios me da en esos momentos fortaleza.

Ahora veo la muerte como un evento natural, que me da nostalgia por supuesto, pero he aprendido a sanar una pérdida en menor tiempo que los demás, mi sensibilidad me permite estar ahí y mis estudios, por supuesto, sin embargo mi fortaleza y templanza son dones que da el Espíritu Santo.

Visualicen a sus seres queridos que ya están en el cielo, en un jardín de lleno de las más bellas flores y con Dios de su mano, felices y radiantes en la vida eterna.

“Haced lo que de verdad os importa… sólo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca”, Elizabeth Kübler-Ross.

Un abrazo hasta el alma, amigos. Bendiciones y hasta la próxima, su amiga y terapeuta Verónica.
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