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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila, Presea Trayectoria "Antonio Estrada Salazar" 2018

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29 Septiembre 2020 04:00:00
Solo en planos y oficinas lucen bien
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Uno de los ex presidentes de México, que contribuyó más en las vías de comunicación terrestre fue Carlos Salinas de Gortari, en su último año de su administración. Esto con la finalidad de preparar a nuestro país para el famoso Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que después de 26 años se cambió por el nuevo tratado conocido como el T-MEC.

Una de las principales autopistas aquí en Coahuila es sin duda alguna la de Saltillo-Torreón. Su importancia porque es una de las principales vías de comunicación terrestre comercialmente, así como el de negocios y además asuntos particulares de los coahuilenses.

Sin embargo, muy poco se ha dicho de la vía libre, es decir, la carretera antigua entre Saltillo, y Torreón que solamente quienes hemos viajado en ella sabemos en qué condiciones se encuentra.

Su principal inconveniente se encuentra en los famosos reductores de velocidad, conocidos como “lavaderos”; que su función es precisamente el de moderar la aceleración a la entrada de un poblado o ejido.

Por lo general estas comunidades los divide la carretera federal, siendo muy perceptible ya que cuando se transita en ellas, se puede observar en la pasada una escuelita, así mismo como su iglesia.

Pero también en algunos de estos ejidos o comunidades es común observar a vendedores que se posicionan en éstos reductores, topes o bordos para ofrecer productos diversos que hacen los mismos pobladores o bien producen dentro de sus pequeñas parcelas como es la venta de naranjas, melones, sandias, miel, pays, o las famosas campechanas.

No son malos los reductores de velocidad y cualquier medida que se instrumente para la seguridad de aquellas comunidades, pero a los que están dejando en una situación de inseguridad son para todos aquellos conductores; sobre todo los vehículos de tipo sedán, porque los lavaderos en lugar de reductores de velocidad parecen bardas por su extremada altura, y sin ningún anuncio previo de dónde se encuentran localizados; de igual manera se encuentran los topes que ni pintura tienen indicando su localización, así como su señalización vial.

Aparte de que a la falta de señalización adecuada en los tramos donde están haciendo recarpeteo pone en peligro a los conductores, porque hay que tener muy buenos reflejos y frenos para poder maniobrar ante estos obstáculos inesperados, que durante la noche incrementa más su riesgo. Para quienes logran esquivar con éxito estas trampas, pues no se salva de tener que comprar llantas nuevas o mínimo tener que reparar los rines golpeados por los mismos “dizque” reductores de velocidad.

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