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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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17 Septiembre 2017 04:03:00
Sólo por placer
‘El deber del escritor es reflejar su vida, aportar su experiencia, todo lo que ha aportado, toda su pequeña aventura humana, todo lo que Dios ha querido hacer de él”. William Faulkner Novelista estadunidense

En días pasados más de una persona con las que me he cruzado en el camino me preguntó que por qué escribo cada domingo esta columna en Zócalo. La primera respuesta que se me ocurrió dar, francamente por obvia, fue: ¡Pues porque Zócalo me presta este espacio precisamente cada domingo! Y bueno, cada uno de los que me preguntaron lo anterior tuvieron que cambiar su pregunta o la manera en que esta era formulada de tal modo que aclararon, preguntaban en todo, caso cual era el motivo, la razón o circunstancia –el profesor Jirafales dixit– del por qué escribía; y bueno, vaya que me metieron en un lío para encontrar la respuesta, que trataré sea dada en esta entrega.

Empezaría por decir que escribo porque me gusta escribir. Sí ya sé que la anterior es una respuesta de Perogrullo y no basta; en todo caso ahora tendría que decir por qué me gusta escribir. Y ahí entonces diré que me gusta escribir porque me gusta poner a consideración de los demás mis ideas, pero no en razón de querer imponer estas o de que las mismas sean de obligatoria aceptación para alguien.

Escribo también porque me gusta ser leído, más allá de la vanidad, por supuesto, y dejando de lado la falsa modestia. Pero no porque me guste ser leído lisa y llanamente, sino porque difundir lo que uno trae ayuda a que esto se multiplique; bueno o malo, pero que se multiplique. Escribo también para generar opinión, el intercambio de ideas ayuda igualmente a la propagación de las mismas y enriquece tanto al emisor de estas, como al receptor y por supuesto a los intercambiantes.

Aunque debo reconocer que la presente columna no es utilizada tanto en dicha función, es decir, en la búsqueda de la generación de opiniones.

Afortunadamente he tenido otras oportunidades y otros espacios donde publicar escritos que generen opinión, digamos con corte más bien de tipo político; y debo reconocer que salvo raras excepciones, esta su columna, mis sibaríticos lectores, ha ido encaminada a cuestiones relacionadas con mis particulares placeres, que por simples no sin sino los placeres de cualquier persona: el amor, la comida, la cultura, el arte, la música, la literatura y no necesariamente en dicho orden; sino en un absoluto desorden donde todos se entremezclen justo para placer de nuestra vocación sibarita.

En algún lugar leí que el hombre es el único animal que narra; y quizá también por esto escribo; no porque sea muy animal –que reconozco de a ratos lo soy–, sino porque me gusta narrar, me gusta contar historias; y debo reconocer que para contar historias sigo una metodología muy simple: tomo dos o tres hechos ciertos, los adecuo a mi surrealista realidad y recompongo la narración pensando un tanto lo que creo me gustaría me fuese narrado; pero insisto, desde el punto de vista de una realidad absurda y por absurda, divertida.


Pero esa narrativa no es egoísta, sino compartida casi siempre en sus ideas primigenias con alguien más: algún amigo o amiga, compañero o igualmente compañera de trabajo, los hijos, mis padres, alguna que otra musa inspiradora, sobre todo; es decir, escribo también para los demás que muchas veces aportan ideas, las más de ellas sin saberlo, y luego cuando ven lo comentado, en algunos casos “de pasada” convertido en columna no deja de darles risa, en el mejor de los casos. Y digo que en mejor de los casos, porque me ha sucedido, al menos con un par de las historias que aquí les narro, que luego, con sus variantes, pero mínimas, se repiten en el mundo exterior.

Escribo porque tengo algo que decir, sea de lo que sea. Como se han dado cuenta este espacio ha dado para hablar de todo. Pero quiero decir algo porque siempre que lo digo y lo plasmo en el papel también de algún modo siento que lo que digo o lo que escribo se replica, se reproduce, llega a más gente. Y si de algo que hablé, sea de deportes, sea de cultura, sea de filosofía, sea, como dije, excepcionalmente de política, y esto llamó la atención de alguien más, le sirvió a alguien; valió la pena lo escrito, fue de utilidad. Ni se quedó simplemente en la vacuidad de lo dicho por una persona o en el hecho de que esa persona simplemente quiso decirlo.

Escribo también por ejercicio mental, para mantener cultivada la memoria, para ejercitar el cerebro. Así como es importante mantenerse en forma si pretendemos participar en una carrera, sea ésta corta o de largo alcance, maratón por ejemplo; es vital mantenerse en forma para poder tener un buen desempeño en la misma.

Y justo eso pasa con el más increíble de nuestros órganos –bueno, el segundo más increíble– ya que si queremos que nos dure en óptimas condiciones el resto de esta carrera que se llama vida debemos tenerlo en excelentes condiciones y la escritura es sin duda un buen entrenador. ¿Por qué escribo finalmente? Por el placer de hacerlo, por el placer de encontrarme con ustedes y, ¿por qué no decirlo? Conmigo mismo domingo a domingo en este espacio. Digamos, entonces, que en ese aspecto soy igualmente un sibarita de la escritura, un doblemente sibarita por escribir, sólo por placer, El Rincón del Sibarita.
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