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Dan T
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31 Julio 2018 04:07:00
Sombras, nada más
Una de dos: o Andrés Manuel López Obrador es un genio... o ya se volvió loco. Acaba de anunciar que quiere reforestar 50 mil hectáreas de selvas en el sureste, tanto con árboles de madera como frutales.

La idea no suena nada mal, como muchas de sus ideas. Pero también, como la mayoría de sus ideas, a la hora de enfrentarlas a la realidad, tiemblan más que el trasero de Kim Kardashian bailando La Chona. En un video que está en su página de Facebook (por si quieren verificar que no miento), López Obrador dice que va a sembrar grandes árboles como caoba, cedro o hule, porque crecen mucho y dan mucha sombra. Y debajo de ellos sembrará plantas que, precisamente, requieren de sombra, como el café. Insisto: la idea no suena mal, pero... ¿cuánto supondrá Andresito que tarda una caoba en crecer 15 metros y dar suficiente sombra a sus alrededores? Según sus cálculos, esto ocurre en sólo 15 días. Según los idiotas botánicos que se dedican a estudiar estos árboles durante toda una vida, mínimo son ¡8 años! para que empiece a tomar forma en serio. ¡Ocho años! ¿Pues no que no se piensa reelegir? Para cuando esos árboles den la sombra que AMLO espera, lo más probable es que ya le hayamos levantado un monumento póstumo en pleno Paseo de la Reforma. O en La Chingada, al fin que siempre quiso irse a descansar a su rancho, bajo la dulce sombra de un árbol gigante.

EL QUE SABE, SABE

Uno de los nombramientos que más polémica han causado es el que hizo Andrés Manuel López Obrador del expriista Manuel Bartlett, al que designó director de la Comisión Federal de Electricidad. A lo mejor eres muy joven para saberlo, pero para eso estamos los viejitos: para ilustrarte. Bartlett se formó en lo más rancio del priismo, pues fue inclusive coordinador de campaña de Miguel de la Madrid. Fue secretario de Gobernación y, por lo mismo, el operador del fraude que llevó a la Presidencia... ¡a Carlos Salinas! Ese es el angelito que ahora trabaja con AMLO. Pero el principal problema de Bartlett no es sólo su pasado. No, no. Lo que más se le critica es que no sabe nada del sector eléctrico. Es probable que ni siquiera sepa cambiar un foco. Y si realmente queremos que el cambio sea cambio, necesitamos a los más preparados en cada puesto. De lo contrario, al país le puede pasar (nos puede pasar) lo mismo que a aquel señor que empezó a sufrir fuertes, insoportables dolores de cabeza. El médico lo revisó, le hizo una tomografía, le tomó muestras de sangre, de orina y finalmente le dijo:

–Le tengo una noticia buena y una mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza. La mala es que para hacerlo tendré que cortarle los huevos.

–¿De plano, doctor? ¿No cree que haya otra solución?

–No, no. Usted sufre una rara condición en la que sus testículos oprimen la base de su columna vertebral, y eso le causa dolores de cabeza. La única manera de remediarlo es extirparlos.

El señor se deprimió terriblemente, pero decidió que no podía seguir viviendo con tanto dolor y se operó. Días después de la castración, quiso consentirte y fue a comprarse un traje nuevo, para animarse. Apenas entró en la sastrería, el sastre lo miró y le dijo:

–Talla 44, ¿cierto?

–¡Exacto! ¿Cómo lo supo?

–Es mi trabajo –explicó el sastre– Para la camisa debe ser 34 de mangas y 16 de cuello.

–¡Qué bárbaro! ¿Cómo lo supo?

–Es mi trabajo –volvió a decir– ¿Qué le parece si se lleva también unos calzoncillos nuevos? Debe ser talla 38.

–¡Uy, no! Ahí sí se equivocó. He usado siempre talla 34.

–Eso no es posible, señor. Si usara la 34, el calzoncillo estaría demasiado apretado, lo que le presionaría los huevos contra la base de la columna y tendría todo el día un tremendo dolor de cabeza...

–¡Pinche doctor!

¡Nos vemos el jueves!
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