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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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24 Abril 2017 04:00:00
Somos los libros, los que leemos y los que no
El de la lectura es un tema muy importante. El de los libros también. Lo son para combatir la ignorancia, romper las cadenas de la manipulación, alimentar el espíritu y la imaginación. No leer es renunciar a la posibilidad de aprovechar las ideas, reflexiones e historias que algunas personas han escrito por y para todos; es ignorar investigaciones, estudios y lecciones que muchas veces resultan útiles y muy valiosas para el desarrollo y crecimiento de las personas y sus sociedades.

El 23 de abril es el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Que exista una fecha dedicada a esa maravillosa creación humana que son los libros y a sus causantes es un motivo de peso para detenerse a pensar en ellos. De acuerdo con Naciones Unidas, instancia impulsora y principal promotor de este acontecimiento, “el 23 de abril es un día simbólico para la literatura mundial, ya que ese día en 1616 fallecieron Cervantes, Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega”.

La principal organización mundial da cuenta del motivo que dio origen al establecimiento de este Día en 1995 y su objeto: “rendir un homenaje universal a los libros y autores en esta fecha, alentando a todos, y en particular a los jóvenes, a descubrir el placer de la lectura y a valorar las irreemplazables contribuciones de aquellos quienes han impulsado el progreso social y cultural de la humanidad”. Para ello, para honrar a los autores de los libros, revalorar la literatura y fomentar la lectura, esta instancia emprende varias iniciativas y alienta a gobiernos y sociedades a que también lo hagan.

Vale la pena recordar que los días internacionales tienen como objetivos sensibilizar, concienciar, llamar la atención, señalar que hay algún problema sin resolver, un asunto importante y pendiente en las sociedades. Así lo explica Naciones Unidas, justificando de ese modo la existencia de estas fechas con las que, cada vez con mayor frecuencia, nos topamos en medios de comunicación y sobre las cuales suelen realizarse actividades en muchos lugares. De ahí que, aunque lo ideal es pasar a la acción en la comunidad material, no carezca de sentido que se publiquen frases, infografías y fotos en la comunidad virtual (por lo menos son pequeños recordatorios que en ocasiones despiertan inquietudes positivas).

En su obra sobre la “cultura de masas” (Apocalípticos e integrados, 1968), Umberto Eco profundiza en la influencia de los libros: “El libro, al crear un público, produce lectores que, a su vez, van a condicionarlo”. Lo hace al tiempo que advierte sobre una serie de vicios sociales de los cuales no escapa el mundo de los libros: “la fabricación de libros se ha convertido en un hecho industrial, sometido a todas las reglas de producción y de consumo. De ahí derivan una serie de fenómenos negativos, como la producción por encargo, el consumo provocado artificialmente, el mercado sostenido con creación publicitaria de valores ficticios”.

No perder de vista este hecho, el que con frecuencia -y al parecer ahora más que antes- los libros sean empleados como herramientas para intervenir hábilmente las mentes de las personas para fines particulares, ocultos o insanos, es esencial para alcanzar la libertad que prometen los libros. Una buena noticia es la que, con respecto a la industria editorial, comparte el mismo Eco: “se insertan en ella hombres de cultura, para los que la finalidad primera (en los casos mejores) no es la producción de un libro para la venta, sino la producción de valores para la difusión de los cuales es el libro el instrumento más idóneo”.

Son esos valores, su expansión, las conquistas y colonizaciones que se logran mediante su uso adecuado, una de las razones, quizá la más trascedente, por la que los seres humanos pueden estar orgullosos de haber creado y conservado en el tiempo a los libros. Esto, amén de la enorme cantidad de externalidades positivas que trae consigo la lectura.

De acuerdo con diversos investigadores especializados en medicina y sociología, retomados en un artículo publicado en el diario La Vanguardia (octubre 2015), entre los múltiples beneficios de la lectura se encuentran los siguientes: favorece la concentración; ayuda a mejorar algunas habilidades sociales, como la empatía; alimenta la imaginación; mejora la oratoria (“como dijo Cicerón, ‘a hablar no se aprende hablando, sino leyendo’”); previene la degeneración cognitiva; predice el éxito profesional; crea, recrea y transforma; modifica el cerebro y tiene repercusiones en el desarrollo intelectual (“hay más materia gris en la cabeza de una persona lectora y más neuronas en los cerebros que leen”); afecta positivamente a la economía y al comercio de los pueblos, y contribuye a desarrollar la libertad de expresión, la cultura y la información.

Mención especial amerita “el encuentro con la verdad”, como promesa cumplida de los libros. Pues, como lo consignó Sor Juana Inés de la Cruz, “la más brillante de las apariencias, puede cubrir las más vulgares realidades”. Para desenmascarar impostores, desterrar fantasmas y estimar a las personas y a las cosas en su justa dimensión (o en una más justa por lo menos), para eso también sirven los libros.
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