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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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06 Mayo 2011 04:10:53
Suave patria
La Suave Patria, el emblemático poema de Ramón López Velarde, cumplió 90 años el Domingo de Pascua de esta Semana Santa que pasó. El poeta fechó esa opus magna el 24 de abril de 1921. Nacían sus versos, hermosamente endecasílabos, y moría él: Pocas semanas después se le acabó la vida a los 33 años, “la edad del Cristo azul” que se le acongojaba en la atribulada dualidad de su agonía -o sea combate- entre el azul y el barro, entre el espíritu y la carne. Yo amo ese poema. Si estuvieras aquí conmigo te lo recitaría de memoria. La Suave Patria es un caleidoscopio; un collage; una sucesión de diapositivas sin orden aparente, hiladas como intuiciones súbitas, igual que si el poema se hubiese ido haciendo a sí mismo. Eso sucede con la verdadera poesía: Se hace a sí misma, y el poeta es sólo su amanuense. No son vigentes ya, obvio es decirlo, algunas de las idílicas imágenes de ese entrañable canto laudatorio.

Pero algunas de sus palabras parecen haber sido escritas hoy. López Velarde vio “la hora actual, con su vientre de coco”, es decir redondo, como el de una mujer preñada; una hora cargada de futuros acontecimientos. Así es la presente hora de México. De nueva cuenta trepida el País, sacudido ahora por otras violencias diferentes a las de la Revolución que vivió el zacatecano, pero ominosas como aquéllas. Ya no puede ser esa patria siempre igual, fiel a su espejo diario. En el cristal se reflejan hoy la pobreza, la injusticia, y uno de los mayores frutos de esos males: La inseguridad. Enfrentada al hambre y al obús, otra tendrá que ser la patria, muy distinta, para que vuelva a tener las suavidades que perdió. Y sin embargo estas horas sombrías no son culpa de la patria. Ella es -lo dijo el poeta- impecable y diamantina, vale decir sin mancha, clara y fuerte. Inaccesible al deshonor, seguirá floreciendo por encima de las perversidades de sus malos hijos, y sobre la tibieza y dejadez de de quienes quizá no somos malos, pero sí indiferentes, aun sabiendo que nuestra indiferencia abre la puerta a la maldad. Tomo el inadvertido aniversario, estos 90 años de la Suave Patria, y lo hago ocasión para decir mi fe en ese México tan diferente al de López Velarde, y tan igual al que pintó en ese mural hecho de palabras que es su poema testamentario. Mayor fue la violencia que conoció el jerezano. Pero los truenos de tempestad que oyó no lo hicieron mirar a la patria como algo duro o torvo, sino suave, con belleza y ternuras de mujer.

Veamos así a México los mexicanos de hoy. Abracemos a nuestra suave patria. Abracémonos en ella. Hagámosla florecer, alacena y pajarera, de modo que llegue un nuevo día en el que todos sus hijos -nuestros hijos- puedan tener los dones de la canción y el pan... Termino con el relato de una historietilla, para aliviar la gravedumbre de esta perorata que a mis cuatro lectores infligí... Don Astasio salió de la oficina a media tarde, pues sintió cierto amago de jaqueca. Al llegar a su casa sorprendió a su mujer, doña Facilisa, entrepiernada con un lacertoso individuo. Colgó don Astasio en el perchero su cachucha de fieltro y su bufanda, y fue al chifonier donde guardaba la libreta en que tenía anotados diversos términos peyorativos para tildar con ellos a su esposa en tales ocasiones. Regresó a la alcoba y le dijo a la infidente: “¡Pípila!”. Ese vocablo es un mexicanismo que sirve para designar a la mujer fácil de cuerpo. El diccionario de la Academia lo registra, y de ahí don Astasio lo tomó. Tras de pesiarla en esa forma don Astasio le dijo a la señora: “¿Puedes explicarme por qué te hallo en este trance, al mismo tiempo pecaminoso e ilegal, contrario a las buenas costumbres y a la urbanidad?”. Sin suspender los meneos del in and out le respondió con desparpajo doña Facilisa: “Y tú ¿puedes explicarme por qué llegas a la casa antes de tiempo?”... FIN.
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