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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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10 Marzo 2018 04:00:00
Suave patria
Me gusta pregonarlo, mis valedores: orgulloso me siento, y afortunado, de ser mexicano, porque después de sopesar sus pros y sus contras entre las naciones del orbe elegí nacer en México y no en ningún otro país. Vine a nacer en un estado de derecho donde la justicia es una contundente realidad, cumplimentada por instancias que cumplen cabalmente su objetivo de hacer realidad esa justicia, y donde no se conocen privilegios ni impunidad; donde las leyes no son letra muerta, sino que se aplican contra el infractor, sea mi persona porque me detectasen una casa blanca, o sea el presidente de mi país. Si él o yo cometiéramos ese o algún otro delito, la ley tendría que caer sobre nuestras cabezas. Una situación diferente sería un engaño, una inmoralidad, un retorcido estado de derecho. Ciento 30 millones de mexicanos no seríamos capaces de alcahuetearlo. Nunca.

Orgulloso estoy de todos los funcionarios de la administración pública que con moral personal, roqueña honestidad y una conducta alejada de todo derroche, se avocan a manejar los dineros públicos. Ahí, rutilante ejemplo de todos, la honorable familia Salinas.

Orgulloso me siento porque a diario compruebo que habito en un país donde la democracia es un hecho y donde nunca se ha registrado fraudes electorales ni cambalachado tinacos, despensas familiares o tarjetas de Monex, por la silla presidencial o la del Estado de México. Porque aquí no se cometen actos de corrupción, que para evitarlo tenemos toda la fuerza moral del Poder Judicial. ¿No es para sentirme orgulloso que no se detecta rastro alguno de corrupción en las masas sociales como tampoco en los políticos oligarcas ni en los oligarcas políticos?

Cómo no estar orgulloso de ser mexicano, con el ejemplo de una católica grey que ama al prójimo como a sí misma, con hechos. ¿Cómo no enorgullecerme, si en el país que elegí mi existencia transcurre tranquila, más allá de un par de robos recientes a mi domicilio, y no ocurren muertes violentas ni está el suelo patrio cacarizo de fosas clandestinas?

Aquí cuál rastro de narcotráfico; cuándo entre Peña y Calderón pudieron producir alrededor de 250 mil cadáveres, decenas de miles de desaparecidos, familias desintegradas y pueblos fantasmas. ¿Narcos infiltrados en la mafia de los políticos? ¿Políticos infiltrados en la mafia de los narcotraficantes? ¿Si tal degeneración percibiera estaría yo orgulloso de mí y de mis conciudadanos, que a lo indiferente lo permitiesen?

Pero hoy, sobre todo, amanecí orgulloso de vivir entre mexicanos que respetan a la mujer, donde no existen machismo ni discriminación contra la compañera ni contra el resto de la femenina población; porque no se ejerce violencia en su contra; porque en el larguísimo camino de mis
sucesivas juventudes nunca he atestiguado un caso de feminicidio ni en Ciudad Juárez ni en el Estado de México, donde los tinacos sufragan. El crimen de feminicidio significaría un puñado de barro en el rostro de la suave patria, pero la patria es inaccesible al deshonor.

Así pues, como mexicano me felicito y felicito a mis conciudadanos, con dedicatoria especial a la mitad de la población que forman ustedes, mujeres mexicanas, que habrán de sentirse orgullosas por haber nacido arropadas por el sentido de dignidad y hombría de los verdaderos varones de mi país. Y si a alguno de ustedes, varonas y varones, por alguna razón no le agradase este México nuestro hasta donde el gringo nos lo permita, con mudarse a Venezuela o a Corea del Norte. En fin.

¡México! (Y ya).
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