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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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18 Agosto 2017 04:07:00
Sucesiones estatales
Cada 6 años se renueva la esperanza de tener un mejor gobierno. En el pasado, las elecciones marcaban el relevo de un grupo político por otro, entre los cuales no había relación e incluso en algunos casos eran abiertamente opuestos. Las sucesiones estatales obedecían a un sistema cuyo eje era el Presidente de la República, quien nombraba a los gobernadores y podía removerlos a su antojo cuando eran fuente de conflicto local, pero sobre todo nacional. El modelo inmunizaba al Presidente y evitaba la concentración del poder en clanes o intereses locales.

Sin embargo, a partir de la alternancia en Los Pinos, los gobernadores empezaron a decidir sus propias sucesiones y devinieron caciques. En el Estado de México, el corrupto Arturo Montiel impuso a su sobrino Enrique Peña Nieto (EPN); en Veracruz, Fidel Herrera, a su secretario de Finanzas, Javier Duarte; en Nuevo León, Natividad González, a su secretario de Gobierno, Rodrigo Medina; en Durango, Ismael Hernández, a su secretario de Finanzas, Jorge Herrera. La lista es prolija. Sin embargo, en Coahuila sucedió lo inédito: la primera sucesión entre hermanos, cuyo costo para el estado aún no se dimensiona.

Desde el sexenio de Humberto Moreira (HM), Coahuila empezó a dar la nota por lo exótico, desmesurado y fanfarrón de su gobernador. Para ganar reflectores, peleó con Vicente Fox y Felipe Calderón, a quien todavía hoy tilda de “borracho” y “asesino”. Con una agenda personalista y un liderazgo sustentado en el presupuesto –“seductor”, “carismático”, “joven maravilla”, “hijo del pueblo”, eran halagos comunes–, HM “ayudó a Peña Nieto a ser Presidente”, dicen sus panegiristas. Por esa relación fue líder del PRI e incluso pretendió la Presidencia, si la candidatura de EPN se caía.

Mas no fue EPN quien cayó, sino HM. El escándalo de la deuda por más de 36 mil millones de pesos, de la cual nunca informó, quizá porque una parte significativa fue para la campaña de EPN, lo llevó a las páginas de la revista Forbes. No a la lista de los más ricos del mundo, sino a la de “Los 10 mexicanos más corruptos de 2013”, junto con Raúl Salinas de Gortari, Arturo Montiel, Fidel Herrera, Tomás Yarrington y Alejandra de la Sota, vocera del presidente Calderón y ahora asesora electoral del PRI.

Después vendrían las investigaciones (todavía en curso) del Gobierno de Estados Unidos por lavado de dinero, robo de recursos públicos y otros delitos; la detención y liberación de HM en Madrid; las acusaciones de soborno de exlíderes del cartel de los Zetas, procesados en Texas; el descubrimiento de depósitos millonarios en paraísos fiscales; la denuncia del PAN, ante la PGR, contra el exgobernador y su hermano y sucesor, Rubén Moreira, “por la desaparición de 32 mil millones de pesos del erario” (Milenio, 04.04.17), y más recientemente la sospechosa ejecución de Sergio Tobías Salas, excomandante de la Fiscalía General del Estado.

En el sexenio actual hubo otros escándalos. A la deuda se sumó el desvío de más de 500 millones de pesos a empresas fantasma, el acoso al periodista Armando Fuentes Aguirre, “Catón”, las elecciones impugnadas... Lo último es la solicitud de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) a la Corte Penal Internacional de La Haya para juzgar a los hermanos por las masacres en Allende y en el penal de Piedras Negras. Esos y otros expedientes forman parte del informe “Asesinatos, desapariciones y torturas en Coahuila de Zaragoza constituyen crímenes de lesa humanidad”.
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