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Armando Luna Canales
Armando Luna Canales
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08 Febrero 2017 04:00:00
Sueños de frontera
Lin Piao, o como quiera que se llamara, saltó por una reja la frontera en siete ocasiones el mismo día. Una reja verde de 3 metros de altura que divide dos países. Al menos eso dice la leyenda que nos comparte Paco Ignacio Taibo II en “Sueños de Frontera”. Esa reja me recuerda mucho al muro con el que Donald Trump amaga un día sí y otro también.

Más que una obra pública, se ha convertido en un elemento de la retórica de odio al enemigo externo, con la que se construyó su victoria electoral. Lo dice el mismo, que ese era un elemento discursivo que emocionaba a su audiencia. La historia del chino que saltó la frontera en siete ocasiones el mismo día ilustra perfectamente lo que va a suceder.

El ser humano es nómada por naturaleza. La migración la llevamos impresa en nuestro código genético. Por lo tanto, no habrá muro o reja o acción que impida que millones de humanos busquen una mejor vida. En caso de que se consiga el presupuesto, se obtengan las autorizaciones necesarias y sobreviva a lo que seguramente serán muchos litigios, ese muro servirá en el mejor de los casos para dificultar la migración ilegal, nunca la podrá detener.

Al ser cuestionado al respecto, Trump anunció un muro tan alto que sólo podrían subir con escaleras enormes. Pero sería tan alto que, una vez arriba estarían en problemas para bajar, a menos que, como el mismo se contestó, tuvieran una cuerda. Uno de los mayores éxitos electorales recientes vencido inevitablemente por unos de los primeros inventos de la humanidad, la cuerda y la escalera.

El muro es una grosería al mundo, un berrinche de quien quiere detener el mundo y no puede, pero a quien si dará bastantes problemas es a los americanos que hoy ganan 20, 30 o 40 dólares por hora. Los empleos que Trump les propone no pagan esas cantidades. Por otra parte, quién les dirá a esos americanos que sus sueldos de 3, 4 u 8 mil dólares no serán suficientes para comprar productos fabricados por obreros que ganan en una hora lo mismo que un obrero mexicano por días enteros de trabajo.

Si las cosas suceden como Trump propone, lo que veremos es que una vez decepcionados del sueño americano, los migrantes ilegales saltarán de nuevo el muro, esta vez para regresar a México, como muestra el final feliz del chino que comía un mango mientras vivía esos sueños de frontera.
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