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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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12 Febrero 2017 04:00:00
Súper Tazón… ayer y hoy
Pues llegó por fin el día anhelado por muchos, de realizar un viejo ritual aprendido de los amigos, los primos del norte o adquirido en la escuela, pero tropicalizado a nuestra bárbara cultura norteña. Seguro por ahí del mediodía del pasado domingo se empezaron a preparar los elementos convocatorios: se curó el asador, se puso el carbón, se picaron las cebollas, el chile y el tomate para la salsa o el guacamole; y la carne, así como las cervezas o bebidas se marinaron y enfriaron desde el día anterior, respectivamente.

Sí, llegó el día del Super Tazón, y buena parte de los deportistas de sillón –que en México abundamos– estuvieron al pendiente del juego entre los Halcones de Atlanta y –oootra vez– los Patriotas de Nueva Inglaterra, o simplemente lo usaron para, con ese pretexto, hacer una fiesta en la que abundó la comida y la bebida; con mayor razón dado que el día siguiente fue inhábil por el Centenario de nuestra bien amada Constitución, haciendo caso del ruego de muchos de que un día después de dicho evento deportivo debía ser de asueto.

Yo, honestamente me sustraje a su parafernalia y me puse a hacer MEJORES cosas, a pesar de las muchas oportunidades generadas por los amigos de asistir a alguna de las sibaríticas y pantagruélicas reuniones a las que me sobró invitación, bendito Dios.

Hace algunos años, para ser exacto 33, cuando yo tenía 15; en el arranque del año escolar de mi tercero de secundaria, cuyo primer semestre lo cursé en una de las dos high schools –secundaria y preparatoria– que entonces habían en Helena, capital del norteamericano estado de Montana, uno de mis recién adquiridos amigos y compañeros de clase me preguntó, iniciando creo que la segunda o tercera semana de clase, si tenía inconveniente en platicar con mis “padres” de allá para solicitarles permiso de que el viernes siguiente pasara por mí para invitarme a ver, según él, un espectáculo “novedoso, desconocido y nunca antes visto por mí”.

Yo le dije que sí, y una vez obtenido el permiso, pasó por mí con otros amigos mayores y me llevaron –¡triste decepción!– al partido de futbol americano que disputaba el equipo mayor de nuestra escuela, con otra escuela de algún lugar cercano a mi ciudad. Honestamente yo esperaba que mi amigo me fuera a llevar a un concierto de alguno de los muchos grupos de rock que estaban de moda por aquellos tiempos, o ya de pérdida a alguna de las desenfrenadas fiestas de adolescentes como las que había visto en películas como Porky’s y en las que supuestamente abundaban sobre todo hermosas chicas dispuestas a regalarnos horas inacabables de placer.

Cuando salimos del mencionado espectáculo “novedoso, desconocido y nunca antes visto por mí”, mi amigo, que no dudo hacía lo que hacía con muy buenas intenciones, me preguntó que qué me había parecido el mismo. Yo le dije que “interesante”, a secas, que me dolió el que nuestra escuela perdiera contra la escuela visitante, y que si yo hubiera sido el coach, seguro hubiera mandado menos pases y más corridas, dado que nuestro corredor era muy bueno, a pesar de ser blanco.

Obvio, eso último lo dije con un dejo de mordacidad –que ya desde entonces la practicaba– porque en nuestra high school sólo había alrededor de cinco alumnos de color y uno de mis “hermanos”, el menor, decía que había un montón de negros en la escuela. Mi amigo se quedó doblemente sorprendido por mi respuesta y lanzó un par de nuevas preguntas al mismo tiempo “¿Pero le entendiste al juego? ¿Sabes de qué se trataba?”.

“¡Por supuesto!” –respondí. “Fuimos a ver un juego de futbol americano, algo que yo veo cada domingo por televisión en mi casa, allá en México”. Y las siguientes preguntas de mi compañero de clase ilustraron TOOODA la ignorancia de aquel entonces, y supongo de ahora, que los norteamericanos promedio tienen respecto al resto del mundo.

“¿Ya habías visto juegos de futbol americano? ¿Por televisión? ¿En México tienen televisores para ver futbol americano de la liga de Estados Unidos? ¿En qué idioma?”. ¡¡¡En ruso!!!” –le respondí ya fastidiado. “¿En serio en ruso?” Me preguntó nuevamente él, respondiendo yo: “¡No idiota, en español!”.

“Y sí, en México no sólo tenemos televisión para ver los juegos de su liga, sino además lo practicamos igualmente como ustedes, yo incluso durante el verano fui a un campamento de futbol americano para adolescentes en una universidad del estado de Louisiana y de ahí regresé a ver a mi familia en México, para luego venirme a estudiar acá, a Montana”.

Lo anterior, en vez de fracturar la incipiente estima que nacía entre ambos, hizo que entre mi compañero y el que escribe naciera una entrañable amistad, porque su curiosidad –genuina– sobre México y lo mexicano lo llevó a investigar y al mismo tiempo preguntarme a mí muchas cosas sobre mi patria, que hicieron más corta mi estancia lejos de casa, y supongo a lo acercó a un vecino hasta entonces desconocido y todo ello gracias al futbol americano.

¡Ni hablar! Creo que la presente entrega tomó un camino muuuy distinto al que originalmente había pensado para la misma, y me llevó por el lado de lo anecdótico en vez de lo que quería contarles y que tiene que ver con el por qué le voy a equipos como –en el caso del futbol americano– los Acereros de Pittsburgh, y otros que considero antisistémicos o “antiestablishment”, el cual habré de dejar para una columna futura.

]Y sí, para muchos lo sucedido el domingo en Houston fue un espectáculo de antología, pero la verdad, a mí me hubiera gustado otro guion en el que hubieran ganado los Halcones, destrozando a los malhadados Patriotas, que representan lo más rancio de la realidad actual del Gobierno norteamericano, vocación de hacer trampa para ganar, incluida.

En fin, digan lo que quieran del Super Tazón, de la histórica remontada, del tiempo extra y del mismísimo Tom Brady, pero honestamente... ¡No cambio ni uno solo de sus anillos conmemorativos, por esa preciosa tarde en que me la pasé COMPLETA jugando con el menor de mis enanos! ¡Y hubiera dado los seis títulos de mis Acereros por haberla pasado también con los otros dos!
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