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Abel Pérez Rojas
Abel Pérez Rojas
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Abel Pérez Rojas / [email protected] / @abelpr5 / facebook.com / abelperezrojas. Es poeta, comunicador y doctor en Educación Permanente. Dirige Sabersinfin.com.

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01 Enero 2018 02:00:00
Superar desde el silencio la parcialidad de lo que defendemos
Cuando defendemos fervientemente lo que creemos nos privamos de la posibilidad de ver que la posición que asumimos parte de una aprehensión parcial de la realidad; esto nos ocasiona conflictos en nuestras relaciones con los demás y nos priva de la posibilidad de vivir con mayor libertad. Desde el silencio podemos superarlo.

Parece obvio que nunca vamos a saber y conocer todo, ni tampoco a profundidad, pero lo que no es tan evidente es que eso mismo nos debería colocar en una condición permanente de apertura y cuestionamiento.

Quienes se percatan de ello y lo hacen una forma de vida, logran dar un gran paso en su proceso de formativo.

Darse cuenta de nuestras posturas recurrentes en los ámbitos emocionales, psicológicos y de cosmovisión, nos permite convivir mejor con quienes nos rodean e incorporar a nuestro ser cualidades altamente valuadas en los entornos cambiantes y en la escala clave que los expertos han identificado de las personas felices.

Pero, ¿cómo incorporar a nuestra forma de ser ese “chip” para superar la parcialidad?

Para responder dicha pregunta podríamos conformarnos con asumir una postura intelectual y psicológica de constante cuestionamiento. De poner en tela de juicio todo y objetar lo que inmediatamente damos por hecho.

Es decir, una disciplina que sólo se adquiere poniéndola en práctica, dando los primeros pasos y siguiéndolos con el paso del tiempo.

En mi experiencia hay una condición más profunda que deberíamos tener en cuenta.

No nos percatamos de la parcialidad de nuestra visión debido a que estamos sumergidos en el ajetreo diario, en el vaivén de la cotidianidad y agobiados por un sistema voraz que nos tiene atados a ansiedades, a limitaciones, a miedos y a condicionamientos de todo tipo.

La práctica del silencio y la meditación es una vía que nos permite aislarnos de todo ello y colocarnos en un estado que está más allá de la refriega habitual.

Colocarse en ese estado nos permite percatarnos que nuestro ego y los mecanismos sociales de manipulación nos llevan a defender lo indefendible, a ver que asumimos situaciones y condiciones propias de la esclavitud.

A eso se debe que lo obvio de que no podemos saber ni conocer todo a profundidad pasa frente a nosotros sin que lo hagamos nuestro.

La apertura y comprensión de nuestro estado y de la situación de nuestro entorno no puede sólo provenir del ámbito emocional, psicológico, histórico o socioeconómico; tenemos que ir más allá, tenemos que acudir a mayor profundidad.

Esa profundidad a la que me refiero se sintetiza muy bien en el cuento sufí El Elefante, en el que se dice que varias personas no se ponían de acuerdo cuando a oscuras tocaban un elefante, y cada uno lo describía de acuerdo a su experiencia, tomando en cuenta que no conocían los elefantes.

El autor del cuento remata la breve narración:

“Y así, cada uno de ellos se puso a describirlo a su manera.

“Es lástima que no hubieran tenido una vela para ponerse de acuerdo”.

La “vela” y la “luz de la vela” nos remontan a la alegoría de La Caverna de Platón y a los niveles de apropiación de la realidad y de conciencia.

Los niveles profundos de conciencia surgen del silencio, de la observación profunda –al menos así lo indican diversos estudios de todo tipo-, de aquel estado que está más allá del deseo de imponer y hacer valer nuestra particular forma de ver las cosas, y de los mecanismos de control que hacen funcionar el sistema en el que vivimos.

Vale la pena darse una oportunidad. Vale la pena vivirlo. ¿O no?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente.
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