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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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20 Marzo 2012 03:00:08
Tan distantes, tan vacíos
Y ya se inscribieron. Ya son oficialmente candidatos. Ya buscan ser nuestros presidentes con una legitimidad tan vacua y vacía como la del IFE.

Es sabido que en estos tiempos nadie gana una elección, más bien alguien la pierde. Pero qué me dicen de la extraña competencia que está ocurriendo en el país, en la cual el PRI tiene mucha testosterona, muchísima, y el PAN tiene una feromona bien recargada.

PRI y PAN encaran esta contienda como un verdadero duelo. Se ven cara a cara, se miden, tocan sus revólveres. El PRI dispara: “El país se merece un gobierno distinto que no sólo sea sangre y frustración”; el PAN jala el gatillo: “Hagamos seriamente el recorrido de cómo les va a las entidades federativas donde gobierna el PRI y cómo a las que gobierna el PAN”.

Él se empeña en que todos sepamos que quizá es capaz de pedir un vaso de agua sin leer, en que sepamos que sólo se siente cómodo leyendo las ideas de su guionista, de su amanuense. Ella no necesita enemigos fuera, basta con los queridos amigos de su cuarto de guerra, de su coordinación de logística. Y el tercer candidato, de momento, está transitando por terreno conocido, lo que significa que nada es excitante, pero al menos no se va destruyendo a sí mismo cada que sale el sol.

Todo esto no tendría ninguna importancia —porque el país que esté libre de políticos mediocres que levante la mano— si no fuera porque ni siquiera por casualidad, ni en sueños o pesadillas, ni por accidente son capaces de formular una idea que nos ilusione.

El candidato priísta está fotografiándose y haciendo spots por todo el país. Su equipo le apuesta a que el único objetivo, lo único importante es ganar la Presidencia.

Hace muchos años, tantos como cuando era joven, el presidente de un banco que me empleó me hizo ver con él una película: Waterloo. Por si algún candidato no sabe qué es Waterloo —perdón, ¿cómo podría ser que no lo supieran?— en fin, es la batalla que se dio en lo que ahora es Bélgica y en la que Napoleón lo perdió todo. Cuando terminó la película él me preguntó qué había visto, qué había entendido. Con los años, me dijo que me había contratado porque le respondí “Napoleón perdió Waterloo porque no podía perder”.

¿Qué quiero decir? Que en la campaña priísta es tanta la necesidad de ganar la Presidencia que lo entregaron todo: el Senado, el Congreso, los gobernadores, a Moreira y lo que se pusiera en el camino porque para el PRI lo importante es ganar en Waterloo.

Dudo mucho que Josefina sea tan noble como fue Wellington, que escribió aquella famosa noche entre sus soldados heridos: “Solamente hay una cosa peor que la amargura de la derrota y es la soledad de la victoria frente a un gran hombre”. En cuanto a López Obrador, los negativos pueden convertirse en positivos en la medida en la cual una vez que comience oficialmente el derecho a equivocarse —porque todavía estamos en equivocaciones suboficiales— los dos grandes se despedacen entre sí y AMLO aproveche.

Si esto no ocurre el único que quedaría sería Quadri, si es que consigue cuadrar a la “Maestra” en el sentido de que no haga también la caída de los dioses y ya puestos en esta aventura que sólo ella entiende, aunque sea de panzazo, le meta una mínima inversión, cariño y fe a su candidato.
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