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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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21 Mayo 2017 04:00:00
Tan iguales al presente
En los dos libros de Juan Rulfo, Pedro Páramo y El Llano en Llamas, se percibe un trasfondo de tragedia nimbada por la violencia. Y a 100 años del nacimiento del escritor, la atmósfera violenta regresó a México con un nuevo rostro. Rulfo era niño cuando los rescoldos de la Revolución, representada por bandoleros que le habían tomado gusto a andar en “la bola”, asolaban los pueblos jaliscienses, matando hombres y violando mujeres. Era un niño al estallar la Guerra Cristera, durante la cual el encarnizamiento de los contrincantes terminaba frecuentemente en salvajes matanzas y racimos de colgados.

Resulta desalentador que a 100 años de distancia la violencia se obstine tercamente en permanecer en el escenario nacional. La cuarteta entre satírica y resignada de Renato Leduc podría servir de epígrafe a este aspecto de la conmemoración del centenario. “Cuando Dios era omnipotente/ y el señor don Porfirio, presidente,/ tiempos ¡ay…! tan iguales al presente”.

Hasta dan ganas de repetir con Stephen Dedalus, personaje y alter ego de James Joyce: “La historia es una pesadilla de la que estamos intentando despertar”. Por desgracia, nuestro país no acaba de despertar y sigue atormentado por la pesadilla de la violencia.

Pero, demos la espalda a las noticias diarias y unámonos a los homenajes al más grande de los escritores mexicanos del siglo 20. En una tesitura celebratoria, el viernes anterior, convocados por el erudito de las artes y las letras llamado Javier Treviño, a nombre de la Universidad Pedagógica Nacional, unidad Saltillo, se llevó a cabo una mesa redonda sobre Rulfo y su obra con la participación de Carlos Valdés Dávila, Alfredo Rocha Martínez, Salvador Hernández Vélez  y quien esto escribe.

El reto era mayúsculo. Acerca de Rulfo y su obra se han escrito océanos de tinta. En los números más recientes las revistas Letras Libres y Nexos dedicaron una veintena de ensayos al escritor y su obra, además de lo aparecido en suplementos culturales y otras revistas. ¿Qué decir que no se haya dicho ya? ¿Cómo evitar descubrir por enésima vez el Mediterráneo y volver a inventar el hilo negro?

Sin embargo, debe decirse, los compañeros de la mesa salieron con las banderas desplegadas. Hernández Vélez se sintió identificado con el entorno geográfico de El Llano en Llamas y Pedro Páramo. Nacido en Viesca, Coahuila, un semidesierto semejante a El Llano en Llamas: hosco, reseco, erizado de pitas agrias, diría García Lorca, y el agobio de un sol inclemente incapaz de ofrecer treguas fueron para él un paisaje cotidiano. El entorno modeló el carácter y le proveyó de una perspectiva para ver la vida, porque, apuntó en una frase muy afortunada: “Uno puede salir del rancho, pero el rancho sigue en uno”.

El historiador Carlos Valdés Dávila llegó tarde a Rulfo. Tenía 34 años. En el Seminario, donde estudió, el maestro de Literatura se saltó a Rulfo y a otros escritores mexicanos. Su tardío encuentro con el escritor también operó en él un cambio profundo, más cuando los excesos del hacendado Pedro Páramo los atestiguó en Sonora, cuando hacía labor social entre los indios de la región.      

Rocha Martínez  hizo un acucioso recuento de las referencias a la Revolución y a la Guerra Cristera en la obra de Rulfo. Analizó los cínicos consejos que Pedro Páramo exponía a revolucionarios y cristeros. En fin, esa noche del coloquio la atmósfera  de la violencia estuvo presente, pero, afortunadamente, al fin se impuso la literatura.    
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