×
Sylvia Georgina Estrada
Sylvia Georgina Estrada
ver +

" Comentar Imprimir
16 Febrero 2014 05:06:43
Tango Negro: El vaivén de la danza y el canto
Si un hombre quiere estar seguro de la ruta que sigue
tiene que cerrar los ojos y marchar en la oscuridad

San Juan de la Cruz

Pero estoy aquí, sin sentir vergüenza de la brevedad del tiempo
W.S. Merwin


Para Octavio Paz la poesía es visión, música, símbolo, analogía... El caracol en donde resuena la música del mundo, en el que metros y rimas no son sino correspondencias, ecos de la armonía universal. Y si bien el poema no es hechizo ni conjuro, a la manera de los ensalmos y sortilegios, el poeta puede despertar las fuerzas secretas del idioma.

Saúl Ibargoyen (Montevideo, Uruguay, 1930) brinda esta poética que busca en el lenguaje, en el ritmo, en la reinterpretación y creación, los signos adecuados para expresar las cavilaciones y experiencias humanas.

En Tango Negro (Laberinto Ediciones, 2013) el escritor nos acerca a ese rito casi mágico que provoca la poesía en sus lectores (o en sus oyentes), en el que el poder evocativo de la palabra y la musicalidad juegan un papel destacado.

La tradición arrabalera nacida a orillas del Río de la Plata es el hilo conductor de un texto de largo aliento en el que el autor rinde homenaje a los músicos que escuchó en su natal Uruguay ―Carlos Gardel, Alfredo Le Perapero, Ricardo Farías― y también a los poetas que marcaron sus letras: Isidore Ducasse, Oliverio Girondo, Jorge Enrique Adoum.

Dividido en tres apartados ―Tango Negro, Los poemas de Marcela y Del Otro Aquí del Otro Allá―, este libro muestra una composición que recuerda, por su tono fervoroso, a estos salmos en los que se enuncian las inquietudes del devoto, pero éste no es un canto de alabanza, es una pieza en la que cada compás ofrece un frenético y cadencioso ritmo de imágenes, de sensaciones, de lúgubres metáforas en la que participan, y tropiezan, los danzantes, los amantes, las madres, las novias y las musas ariscas.

En la primera parte, en los poemas que le dan título al libro, nos topamos con versos que se unen con el sonido, con la música, con el movimiento, con la danza. “Tango Negro” devuelve esta conciencia de la oralidad del poema: “Sí así son Ellas/ Las musas pues que nos respiran/ Con toda su viva verdad/ Y que están ya bailando/ O danzando o gozando o sufriendo/ Nuestro tango negro”.

El propio Ibargoyen me comentó en la pasada Feria Internacional del Libro en Arteaga 2013, que hay una diferencia entre contar y cantar: “Lo que sucede es que yo siempre tengo la tendencia de cantar, más que a contar”. Y ciertamente, Tango Negro tiene esa musicalidad que se encuentra con frecuencia en la obra del uruguayo.

El lector recrea este ambiente oscuro, arrabalero, en el que cada compás trae consigo las notas de Gardel, de los guitarreros de ánima limpia a quienes están dedicados algunos de los poemas: “Nadie canta aquí/ pero alguien abre su oreja/ y la intangible cadencia/ vuelve a nosotros”.

Me gusta pensar en esta idea del poema que, como un organismo vivo, se nutre del leguaje de la comunidad a la que, consciente o no, describe con sus pasiones, sus anhelos, su pesimismo. Incluso, el propio Ibargoyen me comentó que Tango Negro le “salió del alma”, sin planificación alguna, pero sí con la conciencia de que retrata nuestro tiempo, en el que abundan el pesimismo y el desencanto.

El uruguayo revela en este libro esos miedos ancestrales: el dolor, la soledad, la amargura, el desamor. Versos que nos ayudan a los lectores en este permanente intento de explicarnos el mundo a través de la palabra, y también a cuestionarnos sobre el valor de ésta. Tal y como dicen algunos versos del poema Por aquí y por allá, que conforman el tercer apartado del libro.

“¿Para qué describir con tan triste ceniza/ con tan absurdo arte/ con tan torpe hazaña escrituraria/ Esta inmedible expansión/ De cada una/ De todas las sombras?

Como señala con frencuencia el entrañable escritor argentino Juan Gelman, el poeta sabe de la inutilidad de su tarea, y sin embargo no renuncia a la poesía, al contrario, se empeña en arrancarle a las palabras ese poder evocador de emociones y sensaciones. El poeta se niega a desterrar de su labor la esperanza que habita en la vibración creadora, engendradora del lenguaje.

Al pensar en esto último, la obra de Ibargoyen adquiere este carácter de obra referencial, de espejo en el que podemos encontrar el reflejo de nuestras alegrías, fracasos, tristezas y deseos insatisfechos, como bien cierran los versos de este libro: “Necesario para ti para vos/ Todo lo tuyo compartido:/ La memoria que ya extraviaste/ Será vera memoria/ Entre las sombras nuevas”.



Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2