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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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29 Octubre 2017 04:01:00
Tardanza inaceptable
Resulta desconcertante para el ciudadano de a pie –votante de a pie– los hasta ahora interminables juicios en las instancias encargadas de la validación de los comicios, un proceso que se prolonga ya casi casi 5 meses en el caso de Coahuila. Ese ciudadano de a pie del que hablábamos arriba, si tiene dos dedos de frente, como solía decir la señorita Amador, profesora del segundo grado de primaria del colegio Zaragoza, de seguro se estará preguntando si no habrá forma de agilizar el trabajo de los órganos encargados de organizar las elecciones y decidir su validez.

Porque hasta parece un juego. Hace apenas un par de días, el Tribunal local encargado de esos asuntos anunció que Miguel Riquelme sería el nuevo gobernador del estado, pues tras revisar todo lo revisable llegó a la conclusión de que no había elementos para nulificar la elección. Dos días después los medios de comunicación informan que la Comisión de Fiscalización del Instituto Nacional Electoral (INE) descubrió, más de 100 días después de los comicios, que el candidato Riquelme no había reportado el costo de la grabación de videos ni tampoco la inserción de publicidad en medios impresos.

Sorprende la rapidez de las investigaciones del INE, pues solamente tardó más de 4 meses en descubrir gastos hechos hace medio año. ¿No sería mejor realizar la fiscalización de los gastos de los candidatos durante las campañas? ¿Por qué esperar tanto tiempo para descubrir la existencia de videos que se hicieron públicos y las inserciones en periódicos vistas por cuantos compran ejemplares de los diarios? ¿Usted lo encuentra lógico?¿Cómo es posible que en Estados Unidos, por ejemplo, se conozcan los resultados de una elección presidencial pocas horas después de cerrar las casillas?

Quizá los sistemas utilizados por nuestros altos órganos supuestamente ciudadanos sean tan complicados que no están diseñados para ser comprendidos por esos mismos ciudadanos a los cuales afirman representar. Posiblemente todas las anteriores reflexiones sean producto de la mente de un lego en la materia. Sin embargo, somos muchos los que no acabamos de entender la tardanza en la toma de decisiones. Pero sí entendemos que este sainete de validez e invalidez acaba por hartar al votante, quien sabrá meses después de depositar la papeleta en la urna si el candidato por el que votó fue el triunfador o el derrotado. Yo no sé a usted, pero esto se me antoja kafkiano en una época de avances tecnológicos accesibles a cualquiera que traiga un celular.

Tales contradicciones –unos dicen sí; los otros afirman que no– tienen repercusiones graves y provocan daños difíciles de reparar. La ya de por sí endeble confianza ciudadana en la democracia, se ve seriamente perjudicada. Si las autoridades del INE y demás órganos creen que estos procedimientos abonan la percepción de certidumbre en los procesos electorales, están muy equivocados. Por el contrario, lo único que hacen es aumentar la incertidumbre, pues la mayoría piensa que detrás de este largo y contradictorio manoseo de cifras y datos se esconden intereses oscuros o arreglos cupulares impublicables.

No sé francamente si es la ley la que lleva a estos laberintos administrativos o es la ineptitud de las instituciones encargadas de aplicarla. No lo sé, pero estoy cierto de que esto no funciona ni hace bien a la democracia que México intenta construir.
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