×
Federico Muller
Federico Muller
ver +

" Comentar Imprimir
17 Agosto 2018 04:00:00
Tarifas y precios diferenciados
En tiempos pasados, particularmente en los sexenios de los presidentes Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, cuando el país dejaba gradualmente el modelo económico de sustitución de importaciones, aunque se trataba por todos los medios de sostenerlo políticamente, la realidad económica era muy distinta a los discursos presidenciales, que sonaban como arengas huecas y sin sentido: los sectores claves que lo soportaban eran “sobreexplotados” y estaban muy próximos a colapsar, como era el caso del sector agrícola, descapitalizado y con una productividad descendente, pues el mantener sus precios por debajo de sus costos ocasionaba grandes pérdidas al Gobierno, cuyos subsidios que transfería al sector social, es decir, a los consumidores, eran ya insuficientes para cubrir la creciente demanda de productos del campo, lo que acrecentaba la deuda pública y ponía las finanzas gubernamentales en una situación muy crítica, cercana a la bancarrota.

Uno de los primeros incrementos de precios que se dieron con el régimen del presidente Echeverría fue el del kilo de azúcar, así como la devaluación del peso frente al dólar estadunidense. La moneda mexicana se desvaloraba después de varios lustros de estabilidad cambiaria, y con ello se iniciaba silenciosamente el proceso de una vertiginosa inflación que el Gobierno y el Banco de México tardaron varios años en poder controlar.

Una de las desatinadas medidas económicas que surgió de aquellos años, fue el manejar tarifas y/o precios diferenciados de los bienes y servicios públicos, esto es, cobrar precios diferentes de acuerdo con el tipo de consumidor. Uno de ellos fue la paridad peso-dólar: al importador/exportador de mercancías se le vendían/compraban dólares a un precio, mientras que para el resto del público demandante de la divisa regía otra cotización. El control de cambios daba lugar al mercado negro de divisas, es decir, compraventa de monedas extranjeras al margen de la supervisión del Gobierno, en donde los especuladores fijaban los precios y obtenían jugosas ganancias.

Han sido raras las ocasiones en que en una economía de mercado los precios diferenciados o controlados operan con éxito, generalmente son medidas que en apariencia benefician a las clases más desprotegidas económicamente, pero en realidad ese noble objetivo no se cumple. Por el contrario, grupos con niveles de ingreso más altos aprovechan mejor los precios subsidiados. Implementados desde el sexenio anterior, y reforzados en la Administración del presidente Enrique Peña Nieto, los criterios discrecionales para cobrar la tenencia de automóviles en las entidades federativas han propiciado que las entidades colindantes tengan distintos montos por el citado concepto.

Ahora se está presentando un fenómeno económico similar, pero desde la óptica de los impuestos vehiculares. Algunos medios de comunicación han señalado las grandes diferencias que existen en los pagos de tenencia entre la Ciudad de México y el estado de Morelos, que tiene tarifas más bajas, especialmente en los automóviles de lujo y aquellos que rebasan determinado valor, mientras que en la capital los precios son mayores y sólo se eximen del pago o se subsidian los vehículos compactos, cuyo precio no sobrepase los 250 mil pesos por unidad. Como geográficamente la distancia entre la capital del país y Cuernavaca es relativamente corta, los capitalinos con capacidad económica adquieren sus vehículos en las distribuidoras afincadas en la Ciudad de México y “plaquean” en la capital de Morelos.

Desde la perspectiva económica, el problema surge porque los autos con placas de Morelos circulan en la capital y consumen servicios urbanos que les brinda la ciudad y no aportan lo que les corresponde para su mantenimiento y pago; impuesto que evaden y que contribuye al salario que devengan desde el agente de crucero hasta el juez calificador, responsable de fijar las infracciones de tránsito, pasando por el encargado del bacheo y recarpeteo de la cinta asfáltica. Los gobiernos mexicanos han tenido la insana costumbre de subsidiar a la demanda, subsidio que, según la evidencia empírica, no cumple con los objetivos para los que fue creado. Esperemos que con la cuarta transformación del país anunciada por AMLO no se repitan esas ineficientes prácticas de antaño.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2