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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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27 Diciembre 2015 04:10:55
¿Te rindes Chibirico?
¡Pajía… Pajía… Pajía!

La rama del tamarindo tenía forma de metralleta, arma superior al pedazo de palo de escoba que Cano el Cerillo tenía al otro lado del patio.

El tiraba de a uno, yo tiraba de a tres.

La cosa es que en aquellos juegos precursores del Gotcha, nadie aceptaba ser herido.

Nadie aceptaba recibir el impacto que con toda certeza le fue disparado.

Así que a los 20 minutos de disparar sin descanso, de trepar por los montones de tierra, de vadear el árbol de chaca y quedar entre el anono y el guanábano, estabas sudoroso, afónico…

Y aburrido.

Entonces el juego se convertía en un desafío mental intenso.

“¿Te rindes Chibirico?”… “¡Ni madres!” Rueda un zapote seco frente a mis ojos…

¡Y me lanzo como lince sobre el montón de hojas de palma! ¡Pum!…

La granada estalló sin herirme, bueno, eso digo yo… Porque el Chino Edy asegura que me hirió mientras volaba en busca de refugio.

“A huevo… A huevo… Fue como cuando el sargento Sonder quedó tirado”

Pero yo me tocaba y estaba completito. Y volvíamos al juego mental…

“¿Te rindes Ganso?”…
“Nunca me rendiré” El aburrimiento empieza a ganar… Pero rendirse ahora es perder el juego.

Un juego sin goles ni carreras… Un juego de aguante.

Y en ese sopor de tiempo detenido, de murmullo de chicharras… De panales suspendidos.

A Neto el Pique se le ocurre la bendita idea de pegarle con el pico de su arma de palo a un panal de avispas.

Una… Dos… Tres…

“¡A la güira… A la güira… Avispaaaaaaas!”

Esas desgraciadas sí traían armas de verdad…

Por acercarme a mirar recibí el primer impacto en el ojo izquierdo…

Lucio el Chéchere traía las bembas de negro como globo inflado… Chibirico se llevaba desesperado las manos a la espalda.

Corrimos, americanos y alemanes hasta la esquina de don Nato cara de gato.

Resoplando…

¿Y así quién gana?… ¿Quién?

¡Las avispas!
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