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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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04 Marzo 2017 04:00:00
¿Terminará Trump su mandato?
Dentro de los múltiples tópicos sobre Trump que hoy dominan cualquier plática está la pregunta del inicio. Bueno, yo hasta aposté (un dólar) a un amigo que vive en Estados Unidos (EU).

Hay dos formas de que el magnate no termine. La primera es que renuncie, algo francamente irreal. Un narcisista nunca admitirá que se equivocó y por eso él no tiraría la toalla (Relea: Cómo Lidiar con un Narciso).

La segunda es un juicio político, lo que en EU se conoce como un “impeachment”. El proceso inicia en la Cámara de Representantes (CdeR), donde cualquier legislador puede presentar pruebas para acusar a un presidente (o a un funcionario federal).

Si una mayoría simple aprueba la moción, el Presidente es “impeached”. O sea, será sometido a un juicio político en el Senado.

La Cámara alta se erige como una corte donde cada parte presenta testigos y argumentos. Para ser removido, dos terceras partes de los senadores tienen que encontrar culpable al mandatario.

En la historia de EU, apenas ha habido 19 procesos de “impeachment” y tan sólo dos contra presidentes. Ambos resultaron inocentes: Andrew Jackson en 1868 y Bill Clinton en 1998. Por cierto, Nixon prefirió renunciar en 1974 a enfrentar un juicio político.

Repasemos a las matemáticas de un posible juicio político a Trump. La CdeR tiene 433 legisladores: 238 republicanos, 193 demócratas y dos vacantes. Suponiendo que estas se llenan, se requerirían 217 votos para lograr un “impeachment”. Es decir, 21 republicanos tendrían que votar con los demócratas.

Mmmm, un 9% tendrían que cambiar de bando. No está tan fácil, pero el escenario antiTrump es peor en el Senado.

Hay 52 republicanos, 46 demócratas y 2 independientes. Se requieren 67 para remover al Presidente. Si los dos independientes votasen culpable, se le tendrían que voltear a Trump 19 senadores. ¡37% de los republicanos! Muy difícil.

Y sin embargo, creo será cuestión de tiempo. Sí, yo aposté a mi amigo un dólar a que Trump no termina. Por cierto, en el sitio inglés LadBrokes los momios de que no termine se sitúan en 10/11.

Pues sí, está metiéndose en demasiados problemas y sus neurosis no le ayudan. Como “él sabe más que todos”, no va a recapacitar.

“¿Por qué cambiaría? Así, con su personalidad triunfó en los negocios y ganó la Presidencia”, advierte Wayne Barrett, el veterano reportero (que casualmente murió en enero) que cubrió a Trump desde los 70.

¿Qué provocaría un posible “impeachment” de Trump? Primero, conflictos de interés entre sus negocios y su poder político. Podría violar la cláusula de beneficios de la Constitución. Expertos le sugirieron separarse claramente de sus negocios... y no lo hizo.

Segundo, por relaciones sospechosas con potencias extranjeras. Creo que el asunto “Rusia” está lejos de haber acabado. Y habrá que ver si no hay alguno más que no haya salido aún a la luz pública.

Tercero, por algún escándalo sexual. Recuerde a Clinton. Francamente, dudo que alguien que alardea sobre “tomar a mujeres de la vagina” cambie así nada más. No es gripa.

Y cuarto, por ignorar alguna orden judicial o cometer perjurio en algún proceso legal.

¿Cuándo? Pensaría que llegar a esto llevará tiempo y sin embargo Trump ha estado demasiado agitado, descontrolado y abriendo demasiados frentes de batalla. Si sigue así, más pronto que tarde se puede meter en un problema que pueda ser causal de “impeachment”.

El asunto será, entonces, su relación con los republicanos, que hasta ahora están muy “calladitos”. En su campaña muchos lo repudiaron. Ahora guardan silencio. ¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta clave.

Ojalá que pronto se resquebraje esta relación. Como bien dijo The Economist hace poco: “un buen Presidente en EU puede hacer poco bien, pero un mal Presidente puede hacer mucho daño”.

Cuando es así, mientras menos tiempo esté al mando, mejor, ¿no?

Posdata. El discurso de Trump en el Congreso fue muy estándar. Eso preocupa porque si aprende a controlar su lengua e impulsos es más peligroso. Podría tener más éxito al implementar sus terribles ideas.

En pocas palabras: “Soy paciente con la estupidez, pero no con los que la presumen con orgullo”. Edith Sitwell, poetisa británica.
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