×
Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
ver +

" Comentar Imprimir
04 Febrero 2018 03:00:00
Tiempo y forma
Por inesperada, la reaparición del exgobernador Rogelio Montemayor Seguy en la escena política estatal provocó diversas reacciones. Aunque un par de meses antes había tenido una salida que podríamos calificar como discreta, al externar su intención de competir por una senaduría, su carta y un artículo periodístico con su firma publicados el jueves anterior lo colocaron, para decirlo lopezvelardianamente, en la mitad del foro. Esta vez no fue la expresión de una aspiración personal. No, ahora asumió una postura crítica sobre las condiciones del país y del estado.

Los últimos años hemos atestiguado el rompimiento de cánones políticos que durante décadas fueron ley no escrita sobre el “correcto” comportamiento de, por ejemplo, los exgobernadores de Coahuila. Salvo una excepción muy reciente, la costumbre imponía que quienes abandonaban el Gobierno estatal, aunque continuaran de una u otra manera en el servicio público, mantenían una sana, discreta y silenciosa distancia respecto a sus sucesores.

La regla fue observada incluso por aquellos que, como don Braulio Fernández Aguirre, al terminar el periodo al frente del ejecutivo coahuilense (1970-1976) continuaron en el servicio público. Don Braulio fue elegido senador y, posteriormente, director de la Comisión Nacional de Zonas Áridas. Pero ni como funcionario federal ni como senador hizo referencia, a no ser laudatoria y de respaldo, a quienes ocuparon el despacho principal del Palacio Rosa después de él. Eso no obstante haber tenido con uno de ellos, don Óscar Flores Tapia, relaciones poco amistosas en el pasado.

Quizá se trate de un efecto de la efervescencia política que se vive en el país por las próximas elecciones, las cuales se anuncian reñidas y han provocado confrontaciones verbales incendiarias entre los precandidatos y sus partidos. Puede ser. Sin embargo, y a pesar de los antecedentes, no deja de sorprender esta súbita irrupción en el escenario por parte de un hombre del carácter y la formación académica y política del doctor Rogelio Montemayor Seguy.

Él, como cualquier otro ciudadano, goza del derecho de expresar sus opiniones, pero quienes le conocen y le han tratado tienen –tenemos– una impresión que no acaba de encajar en el perfil del autor de la carta y del artículo. Normalmente cauto, racional a la hora de tomar decisiones, de pronto rea-pareció, aunque sin abandonar las buenas maneras, dejando sentir en la carta la decepción que le causara no haber alcanzado la candidatura a la senaduría y haciendo propuestas en el artículo. Extraña, además, que en su escrito caiga en señalamientos que suenan extemporáneos, como el tema de la deuda estatal, sobre la cual no recuerdo que se haya pronunciado en público.

Es difícil pensar que un tropiezo de ese calibre –no ser postulado candidato– haya podido detonar la irritación que se trasluce en sus escritos, pues su biografía consigna desventuras de gran calado. Entre ellas el asesinato de su íntimo amigo Luis Donaldo Colosio y el llamado Pemexgate, las que superó al retomar con éxito sus actividades industriales, impulsando en los últimos años el proyecto de aprovechamiento del gas shale.

La de un hombre de la preparación y la experiencia del doctor Montemayor es una voz valiosa, atendible. Sin embargo, los medios, el tono y las circunstancias que eligió para hacerse escuchar no parecen ser en el momento actual los más apropiados.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2