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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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18 Enero 2017 03:00:00
Tiempos perversos
La siembra de vientos causará siempre tempestades. Si enconar a la sociedad desde el poder resulta irresponsable y temerario, dirigir la animadversión contra una persona la expone a la violencia de oficiosos e incluso de enemigos del Gobierno (la delincuencia organizada, por ejemplo) ansiosos de generar conflictos y desestabilizar al Estado. Armando Fuentes Aguirre, Catón, no es el único periodista estigmatizado.

Otros críticos también han sido objeto de campañas en redes sociales y de represalias contra familiares suyos. Se les acusa de drogadictos, acosadores… Algunos fueron despedidos o dejaron de escribir. En el mismo PRI y en sectores del Gobierno existe disentimiento con respecto al proyecto sucesorio… y miedo de expresarlo.

En los últimos años a Coahuila se le asocia con escándalos de corrupción; con una deuda oscura y monumental de 60 mil millones de pesos, sumados los intereses; con empresas fantasma sin investigar; con Juan Manuel Muñoz Luévano, operador de los Zetas y socio de funcionarios, legisladores y empresarios, preso en España por lavado de dinero, delincuencia organizada y otros delitos, cuya extradición a Estados Unidos es inminente; y con asesinatos y desapariciones en masa en el gobierno de Humberto Moreira.

En el auge de la dictadura perfecta, Armando Fuentes sentenció: “Un voto por el PRI es un voto contra México”. Frente a una clase política vacía de ética y un escenario de alternancia en el estado, Catón escribió en su columna Opción Ética” (Reforma 16.12.16.): “Independientemente del resultado de la loable misión que se ha fijado (postularse como candidato independiente), la decisión de Javier Guerrero lo presenta como un hombre íntegro, un político honesto y un coahuilense y mexicano digno. Si por las actuales circunstancias ese camino se le cierra otros se le abrirán muy pronto, más acordes con sus ideas y principios. Ahí podrá cumplir su vocación de servicio”.

Políticos como el presidente Peña Nieto, el líder del PRI, Enrique Ochoa, secretarios de Estado y el gobernador Rubén Moreira, celebran al Catón humorista y al autor de columnas más leído de México, cuya compañía procuran para elevar sus devaluados bonos. Sin embargo, recelan del crítico, del observador riguroso del poder, del periodista y escritor comprometido con su país y sus valores. Prestos para halagar al príncipe, algunos medios se sumaron a la campaña cobarde y soez contra Catón, sin percatarse de que mañana el objeto de la inquina pueden ser ellos, en lugar de defender, si no a un colega, sí la libertad de expresión, como Fuentes lo ha hecho siempre.

El clima se ha envenenado sin medir las consecuencias de un embate desproporcionado, artero y peligroso contra uno de los periodistas más apreciados y respetados, no sólo de México, sino también allende nuestras fronteras. En cualquier caso es inaceptable. Quien llamó a Peña Nieto “presidentito” por rendirse ante Donald Trump; quien desde su atalaya moral distingue lo que el incienso oculta al poder omnímodo –los vientos de cambio, de alternancia, que soplan en Coahuila– ha sido declarado enemigo por los intolerantes y enfermos de poder.

Ante el ominoso silencio del Congreso, Jesús de León, coordinador de la fracción parlamentaria del PAN, presentó el 20 de diciembre una queja ante la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila contra el gobernador Rubén Moreira, por el acoso a Catón y a otros colegas.
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