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Guillermo Robles Ramírez
Guillermo Robles Ramírez
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Licenciado en Comunicación en la Universidad Iberoamericana Plantel Laguna, Posgrado el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Monterrey, Director General de la Agencia de Noticias SIP, Premio Estatal de Periodismo en el 2011 y 2013 en la categoría Columna de Opinión, reconocimiento de labor periodística de la Unión de Periodistas del Estado de Coahuila.

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16 Agosto 2017 04:00:00
Tienen la última palabra
Según divulgó Francisco Hernández Esparza, Consejero Estatal de Trasplantes en Coahuila, que aproximadamente el 90 por ciento de quienes aceptan voluntariamente ser un donador de órganos, se ven obstaculizado en poder hacer cumplir su voluntad, por los mismos familiares por la sencilla razón que al menos legalmente no se permite esa decisión sin la autorización de antemano de un familiar directo del donador.

Textualmente dijo “Coahuila aún no tiene la cultura de que esa donación podría ser una esperanza de vida a otros, lo que es lamentable”.

Algo que sí es seguro es que no se trata de un problema exclusivo de nuestra entidad sino algo generalizado en México. La cultura de donación de órganos en el país, ni siquiera llega todavía en pañales o mejor dicho nunca llegará, por la simple razón que la decisión final se encuentra en manos de una legislación donde la donación depende de un familiar; mientras están en la línea entre la vida o la muerte muchos mexicanos a la espera de un donador.

En Estados Unidos hubo una campaña muy fuerte sobre la cultura de donación de órganos, mucho antes que España, sin embargo, su estrategia para poder hacer cultura con respecto al tema tuvo mucho mayor éxito rebasando a la primera potencia mundial, ya que este país a unos cuantos años de iniciada su campaña de manera novedosa o inclusive considerado como una tendencia pasajera, quedó en el olvido.

Para los mexicanos la lista de espera de un órgano todavía es muy larga, es tan larga que es como esperar que brote agua en medio del desierto.

Aunado a esto se suman obstáculos de ideologías como la religión, la idiosincrasia de cada persona o familia, así como una verdadera campaña por parte de las instituciones de salud en donde se fomente la donación de órganos, pero no en forma temporal, sino una permanente; además de la inversión en la investigación y capacitación a médicos, pero sobre todo la integración de una logística desde la obtención del órgano, traslado, y aviso oportuno para el paciente que lo requiere.

Pero siendo insistente que de nada sirve la integración apropiada de una infraestructura sino existen donadores y viceversa, tampoco sirven donadores si no se cuenta con hospitales, doctores y personal capacitado para realizar un trasplante al igual que el traslado del mismo.

Para muchas personas la única oportunidad de continuar con la vida se ve reducidas en oportunidades ya que desafortunadamente, el número de donaciones en nuestro país es insuficiente y cada año miles de niños, jóvenes y adultos mueren en espera de un trasplante.

El 85 por ciento de los órganos provienen un donador vivo por lo general de un familiar y solamente el 15 por ciento de donador cadavérico, cuando en otros países la situación es a la inversa.

En el caso de los donadores vivos la ley es muy clara, solamente se acepta cuando entre el donador y el donante existe una relación consanguínea o una afectiva legalmente comprobable, como puede ser que el donador sea el esposo o esposa de que quien va recibir la donación.

Fue a partir de 1999 con la reforma a la Ley de Trasplante donde quedó establecido como candado para evitar obtener un beneficio económico a cambio del órgano donado, que todos somos donadores a menos que demostremos lo contrario, aunque siempre será la familia quien tiene la última palabra. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013) http://www.intersip.org
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