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Juan Latapí
Juan Latapí
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23 Julio 2017 03:10:00
Todo el relajo de las elecciones
TODO EL RELAJO DE LAS elecciones está detenido por cuestiones de dinero, el cáncer de la corrupción obedece a la obsesión por el dinero, la impunidad es esclava del dinero, todo es por dinero. Es el dinero el que –dicen- hace girar al mundo.

Y NO PODRÍA ser de otra forma si nuestros valores son fama, dinero y poder; pero sobre todo el dinero. Nos parezca o no, vivimos condicionados para tener y consumir cada vez más. Se nos ha hecho creer que una persona vale más en cuanto más tiene.

LA EDUCACIÓN está orientada para hacer dinero; productividad y liderazgo son sinónimo de hacer más dinero. Eso de prepararse para servir a la sociedad pasó a la historia. Basta ver a los políticos.

LA OBSESIÓN por acumular dinero y fortuna está presente en todas nuestras actividades y para lograrlo todo se vale. Se nos ha convencido que entre más dinero se acumule mayor grado de felicidad se alcanza.

POR SUPUESTO QUE EL DINERO ES NECESARIO E INEVITABLE, DE ÉL DEPENDE NUESTRA SUbsistencia, condiciona nuestra calidad de vida y las oportunidades que podamos obtener. Sin embargo una cosa es tener dinero para vivir y otra es vivir solo para tener dinero.

LA LUCHA POR acumular riqueza es una obsesión que nos desensibiliza y hace que perdamos la óptica de la vida; implica sacrificar la salud para ganar más dinero, y cuando se consigue, se sacrifica el dinero para recuperar la salud. Estamos tan ansioso por el futuro que no disfrutamos el presente para que a final de cuentas no se viva ni el presente ni el futuro. Vivimos como si nunca fuésemos a morir y entonces morimos sin haber vivido realmente la vida. Y al final nada nos llevamos; es la deshumanización a todo lo que da.

LA MANÍA POR acumular riqueza nos hace indiferentes ante la necesidad y la pobreza. Para hacer fortuna se debe atropellar al prójimo. Basta ver a los políticos que durante sus campañas prometen el paraíso y, una vez en el poder, nos conducen al infierno mientras ellos aseguran su futuro económico –y el de sus futuras generaciones- a costillas de nosotros.

QUIEN TIENE dinero busca comprar voluntades, amistades y cuanto se les antoje, desde títulos universitarios hasta la justicia misma. Lo mismo les da adquirir una casa en Miami que comprar a un juez. Van por la vida rodeados por un séquito de necios aduladores que, como rémoras, van tras un beneficio; lambiscones leales al dinero, no a su comprador.

EL EXCESO de dinero a los hijos hace irresponsables, exigentes, comodinos, insensibles y los distancia de la realidad. El exceso de dinero causa perversiones morales y psicológicas. La peor perversión es que conduce a la insensibilidad que aniquila la solidaridad y la empatía.

Y ES LA obsesión por acumular riqueza –y qué mejor si es sin trabajar- la que nos hace soñar en ser ricos algún día, ya sea en la lotería y rifas o en un golpe de suerte, pero lo único que logramos es hacer ricos a otros. La fortuna monetaria obtenida sin el esfuerzo del trabajo resulta poca para gastarse y mucha para ganarse.

HACER O tener dinero como una obsesión para satisfacer oscuros caprichos personales es socialmente bien visto y admirado, aunque sea en una sociedad tan desigual como la nuestra. A final de cuentas el dinero todo lo perdona; lo que en el rico es alegría, en el pobre es borrachera.

A VECES SE nos olvida que no todo es comprable, como la vida misma, la memoria y el honor. Pero lo que no se nos puede olvidar es que lo mejor de la vida no se puede comprar. Y esto, a políticos y magnates, ya se les olvidó.

EN NUESTRAS manos está la opción de decidir entre ser sujetos libres u objetos comprables. No podemos perder la capacidad de cuestionar la publicidad que nos condiciona para comprar cosas que no necesitamos, con dinero que no tenemos para impresionar gente que no conocemos.

LOS VALORES DE solidaridad, justicia y ética han pasado a un segundo plano desplazados por los de fama, dinero y poder, que no son más que egoísmo y avaricia, fomentados por un sistema avasallador, controlado por unos cuantos poderosos, los amos de ese sistema quienes nos dicen que hay justicia, libertad y oportunidades para todos, pero en realidad nos ven como sus esclavos.

DICEN QUE el dinero al torpe hace listo, hombre de respetar; hace correr al cojo y al mudo hace hablar; quien no tiene dinero no es de sí señor, cuanto más rico es uno más grande es su valor. De verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades; el dinero es del mundo el gran agitador, hace señor al siervo y siervo hace al señor; toda cosa del siglo se hace por su amor. Esto fue escrito hace casi 700 años, en el siglo XIV, por el arcipreste de Hita.

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