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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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20 Julio 2018 04:00:00
Todo es para bien
Aún no se alcanza a evaluar lo perdido en la elección pasada por los partidos que hasta ahora han gobernado a nuestra nación y sus estados, como tampoco se ha cuantificado lo ganado por los ciudadanos con ese resultado tan abrumador. El revés electoral sufrido tanto por el PRI como por el PAN es mucho más grave de lo que a simple vista se pudo descifrar el día de la jornada electoral y mucho más benéfico de lo que lo ciudadanos hemos llegado a imaginar.

Diecinueve de los 32 gobernadores del país perdieron en esta elección el control de sus congresos locales para entregarlos a los candidatos postulados por la coalición integrada por Morena, PT y Encuentro Social, quienes tendrán mayoría en esos 19 congresos estatales, lo que, dicho sea de paso, pone a Andrés Manuel en la franca posibilidad de hacer prosperar cualquier reforma constitucional que desee, ya que con estos números tiene un poco más de los que se necesitan para aprobar cambios constitucionales en coordinación con el Congreso
federal.

Aunado a lo anterior, debemos saber que este despojo de poder que sufrirán los gobernadores estatales era por demás necesario, ya que a partir del próximo año, los poderes legislativos estatales serán factor verdadero de equilibrio de estos ejecutivos, y con esto se estará en la posibilidad real de amarrar las manos de los mandatarios estatales para quitarles el control de las finanzas públicas y evitar las tragedias económicas que provocaban las voraces actuaciones de gobernantes priistas y panistas en las entidades que gobernaban.

De igual forma, consideremos que, a partir de ahora, los gobernadores actuales que estén abusando del erario público, que lo hayan hecho o que pensaban hacerlo encontrarán en el futuro un enclenque apoyo de sus bancadas dentro del Congreso de la Unión para contener las investigaciones sobre sus desvíos como había sucedido hasta hoy, por lo que desde ahora deberán conducirse con el oprobio necesario en el manejo de las finanzas estatales, como jamás lo habíamos visto.

Así pues, hace algunos días el virtual presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció que utilizará la figura de “coordinadores estatales del Gobierno federal” en todas y cada una de las entidades que conforman el territorio nacional para evitar, en primer término, que las dependencias federales gasten cantidades exorbitantes de dinero en sus delegaciones estatales, que se dupliquen sus funciones, que sean dichos cargos premios políticos y que se desvíen recursos o que se ejerzan con
favoritismos.

Este esquema alentaba la corrupción e imposibilitaba la rendición de cuentas, ya que, a pesar de que todo el dinero que usaban las delegaciones federales en los estados era de Hacienda, extrañamente, eran el gobernador y su Congreso local quienes supervisaban el gasto de ese dinero, alentando sin duda la colusión de los delegados con los gobiernos estatales (Dragón Rojo).

Es evidente que los motivos de esta reestructuración de estado: ahorro, corrupción, eficientar la administración pública, podrán ser lo que determinen que las propuestas del nuevo Mandatario prosperen o no, pero lo que sí es que, como nunca, este país está luchando por cambiar las cosas para bien, porque, hasta hoy, todo indica que así será.
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