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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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04 Octubre 2018 04:00:00
TODOS CALLARON: a 50 años del 2 de octubre de 1968
Esos días la penumbra invadía la capital de nuestro país, fueron días llenos de una borrasca que parecía no terminar. El 2 de octubre de 1968 la mayor parte del país no estuvo informada de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, porque la mayor parte de la prensa no informó sobre lo ocurrido, sólo fue a discreción con información fraccionada, como si fuese todo un rompecabezas difícil de armar.

La población del país fue conociendo los trágicos acontecimientos debido a que algunos diarios de provincia fueron dando cuenta de los hechos gracias a un periódico prohibido, perseguido y destruido llamado El Mañana. La penumbra y el enrarecimiento del ambiente ante el atento flagrante −y los consecutivos− fue fatal, quienes participaron en los 146 días que duró el movimiento estudiantil jamás lo olvidarán.

El 2 de octubre sobrevino la masacre. La matanza de Tlatelolco encendió la llama de futuras luchas sociales. Por esos años también los jóvenes del mundo entero alzaban la mano, algunos con el puño cerrado, otros haciendo la "V" de la victoria. Aunque se decía que México se vivía un paraíso y una tranquilidad, la realidad era que no había oposición, todo era un “presidencialismo-autoritarismo de lo lindo”.

Pero por dentro se gestaba un derecho a la voz y un descontento acumulado. De pronto un pleito callejero de dos pandillas, Los Araños y Los Ciudadelos, contra estudiantes hizo que estallara el movimiento de 1968, cuyas únicas armas fueron las brigadas de información, las manifestaciones y las asambleas en los dos grandes centros de estudio de nuestro país, la Universidad y el Politécnico.

En el mundo, en 1968, los jóvenes de Europa, los de Estados Unidos, los de América Latina tenían mucho que reclamarle a la sociedad. ¿Qué les ofrecía la sociedad de consumo?, ¿qué les brindaba su país?, ¿deseaban realmente ser parte de un engranaje de producción masiva?.

En Europa, las perspectivas de la juventud eran desoladoras. No había trabajo para los egresados de las universidades: ¿en dónde se emplearían?. El Mayo Francés de 1968 resultó aleccionador. Resulta por eso natural que también en México se gestara, en la Universidad y el Politécnico, un rechazo al orden establecido, al status quo. Si en Francia la falta de oportunidades fue el objetivo estudiantil, en México los factores que detonaron las movilizaciones del 68 fueron la corrupción del poder y el autoritarismo.

En ese momento, durante más de un año, se vivió el fervor de los preparativos a los Juegos Olímpicos, la construcción de estadios, las villas olímpicas, la olimpiada cultural a la que asistirían los grandes poetas del mundo, entre otros… por otro lado, los estudiantes "antipatriotas" gritaban: "No queremos olimpiadas, queremos revolución".

Por su parte, los estudiantes forjaban un movimiento festivo cada vez más popular, ya que 300 mil personas acudieron por primera vez desde la Revolución Mexicana a una marcha sin precedente: la manifestación del silencio.

Quienes participaron en los 146 días que duró el movimiento estudiantil jamás lo olvidarán. El gran novelista José Revueltas lo llamó con mucha razón "enloquecido movimiento de pureza". En ese entonces, la Universidad actuó como la gran protectora de sus estudiantes, muchos de ellos se ocultaron en sus aulas y hasta durmieron en los corredores para no perderse una sola de las asambleas.Vivían los mejores días de su vida, hasta que el 2 de octubre de 1968 sobrevino la masacre.

El Ejército tomó la plaza y hombres vestidos de civil que llevaban un guante blanco o un pañuelo para identificarse desataron la balacera. La desbandada fue general y el fuego cerrado convirtió el lugar en un infierno. Según la prensa internacional, murieron más de 300 personas y las que llegaron a los hospitales tenían heridas en la espalda, en los glúteos, en las piernas, porque les dispararon por detrás, mientras huían. El único movimiento estudiantil en el mundo que terminó en una matanza fue el de México, en 1968.

Esta tragedia resultó un parteaguas en la vida de muchos mexicanos. 1968 fue un año que nos marcó a sangre y fuego y tuvo el don de encender la llama de futuras luchas sociales. Todavía hoy, 1968 es un punto de partida.

Mi formación familiar, pero sobre todo mi formación en las aulas universitarias, dentro de la Universidad Autónoma de Coahuila dentro de la maravillosa Facultad de Economía, me forjaron para levantar la mano con fundamento, a levantar la voz ante la injusticia, a propiciar el bien común desde cualquier trinchera, a regresar a la sociedad todo lo que me regaló la Universidad. Un humilde homenaje desde este espacio en honor a todos los jóvenes que con mente y corazón dieron sus vidas por un México mejor.
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