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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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06 Agosto 2016 04:00:09
Todos feministas
Hace dos semanas, en Titulares de la Tarde de Excélsior Televisión, di cuenta de un proyecto en Senegal, #RewritingTheCode, el cual se enfoca en apoyar a las niñas en el desarrollo de sus habilidades para la tecnología. La idea que originó esto se basa en esa terrible idea de que, al nacer, se nos asigna una suerte de expectativas culturalmente aceptables por ser mujeres. Por eso se planteó como meta enfocarse en que las niñas entren a un área dominada por hombres. Y si todavía hay quien diga “cuál es la necesidad de esto”, pues diremos que las participantes demuestran lo mucho que pueden aportar en esta área tecnológica –y si eso sucede ahí, ¿cuánto potencial estamos desperdiciando sólo porque algunas cosas se siguen entendiendo como “cosas de hombres”?

No es una percepción exclusiva de país subdesarrollado como el nuestro. La lucha por la equidad de género es global. Ningún país se salva de tener “issues” al respecto. Ayer, Barack Obama nos sorprendió gratamente con un ensayo en la revista Glamour. Habla del porqué se llama un hombre feminista, de los episodios y personas –casi todas mujeres– que lo llevaron a concienciarse sobre el tema, de cómo aquellos códigos sexistas nos han mal influido: “Sabemos que estos estereotipos afectan cómo las niñas se ven a sí mismas desde muy jóvenes, haciéndoles sentir que, si no se parecen o no se comportan de cierta manera, son menos dignas. De hecho, los estereotipos de género nos afectan a todos, independientemente de nuestro sexo, identidad de género u orientación sexual...”. Es un asunto cultural y es algo que podemos cambiar desde la educación a los más jóvenes, porque es a través de ellos que se podrá hacer de esto una norma. Hillary Clinton lo dijo hace una semana: “quienes hoy son niñas ya saben que una mujer candidata a la Presidencia es posible, porque ese techo ya fue roto. Así es como se construyen caminos y posibilidades mucho más amplias.

“Hemos pasado de un mercado de trabajo que básicamente limita a las mujeres a un puñado de puestos mal pagados a uno en que las mujeres no sólo constituyen la mitad de la fuerza laboral, sino que también son líderes en muchos sectores, desde los deportes hasta el espacio, desde Hollywood al Tribunal Supremo. He sido testigo de cómo las mujeres han ganado la libertad de tomar sus propias decisiones sobre cómo van a vivir sus vidas, sobre su cuerpo, su carrera, sus finanzas. Atrás han quedado los días en que se necesitaba un esposo para obtener una tarjeta de crédito. De hecho, más mujeres que nunca, casadas o solteras, son económicamente independientes...”, escribió Obama. Y tiene razón, pero no es aún una
generalidad.

En México apenas estamos quitando el “paterno” y “materno” del orden de los apellidos. Poco a poco avanzamos en equidad; aunque, culturalmente, falta mucho. Basta ver los mensajes que la mayoría de telenovelas y programas (incluso algunos noticieros) envían como parte de ese cotidiano o lo que vivimos sobre el acoso y que movilizó por el respeto al “no es no”. Las mujeres ya no nos vemos como complemento, sino como parte importante y completa que, acompañadas o no, somos capaces de generar conocimiento, dirigir una empresa o gobernar un país.

El feminismo no se trata de querer estar por encima de nadie, sino de tener las mismas oportunidades que, culturalmente, se nos han quitado por ser mujeres, sin preguntarnos o sin ver que somos igualmente capaces para lo que sea. “Eso es lo que es el feminismo en el siglo 21: la idea de que, cuando todo el mundo es igual, todos somos más libres...”, dice Obama.

ADDENDUM: El buen nombre del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial en entredicho. Se le acusa de favorecer a ciertos despachos especializados en la materia. La marca Repuve, propiedad de un particular desde 2009, le ha ganado todas las instancias jurídicas, obteniendo sentencias firmes ante los tribunales colegiados. A pesar de ello, mediante “fraude a la ley” emitió una resolución administrativa en franca contradicción con la SCJN en perjuicio del particular. Este último habrá de alegar “cosa juzgada” y la corte actuar en consecuencia. Veremos si la lucha contra la impunidad y la corrupción va en serio.
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