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Francisco Tobías
Francisco Tobías
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12 Diciembre 2017 04:00:00
Tomemos los derechos humanos en serio
La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento que ha marcado un verdadero hito en la historia. En su momento, fue elaborado por representantes de todas las regiones del mundo con invaluables antecedentes jurídicos y culturales. La Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París, el día 10 de diciembre del año de 1948 encaminándose a ser el ideal común de respeto, solidaridad e igualdad para todos los pueblos y naciones. La Declaración establece –por primera vez– los derechos humanos fundamentales que deben protegerse en todo el mundo (la declaración ha sido traducida a más de 500 idiomas).

El 10 de diciembre se celebró en todos los rincones esta declaración que plasma los derechos inalienables e inherentes a todos los seres humanos sin importar su raza, color, religión, sexo, idioma y circunstancias como opiniones políticas o de otra índole, origen nacional, propiedades, lugar de nacimiento o cualquier otra condición; en resumen, nada ni nadie puede prohibir ni menoscabar los derechos humanos a los que tenemos acceso todos. En la declaración se recogen principios que son atemporales lo que nos hace reflexionar en nuestra vida diaria y de qué manera incidimos para pasar a la acción en nuestras actividades para defender los derechos que nos protegen.

Hoy en día, los diálogos entre todos nosotros pueden y deben ser un mecanismo de efectiva participación, para poder acoger las visiones de todos los distintos grupos sociales; más aún aquellos en los que históricamente han sido vulnerados en sus derechos. Es en la sociedad misma, en todos nosotros como grupo quienes debemos hacer valer el equilibrio en la representación de hombres y mujeres, principalmente en el momento de tomar decisiones trascendentes. No podemos decir que la carta que fue creada en su momento por un cúmulo de opiniones, se encuentre desfasada; sin embargo, creo que se pudieran introducir u adecuar disposiciones, acorde a un estado de derecho con estándares internacionales, esto tal vez puede significar armonizar a un rango jerárquico constitucional todos los tratados de derechos humanos a los cuales un país se acoja.

Lejos de los formalismos jurídicos que en muchas ocasiones se quedan en tinta y papel, hay que ir en busca de un estado democrático y social de derecho. En otras palabras, no quedarnos en la mera democracia formal. Hoy, un auténtico estado social de derecho demanda por igual teorías y prácticas de gran alcance, superando las históricas y trágicas disyuntivas poniendo por delante los derechos universales del hombre.
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