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Lariza Montiel
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04 Diciembre 2017 04:00:00
Transición desde el Congreso
El 1 de diciembre dio inicio el periodo de gobierno de quién ha sido identificado como el titular del tercer episodio del Moreirato: Miguel Ángel Riquelme Solis.

Para 7 de cada 10 coahuilenses, su mandato carece de legitimidad y por ende no se consideran representandos, sin embargo, el entramado constitucional de nuestro país, así lo decidió.

En los días posteriores al fallo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y hasta el mismo día de hoy, la desesperanza se dejó sentir en la mayoría de las personas, que de una u otra manera participó en las pasadas elecciones.

Absolutamente comprensible para cualquiera, pero con mayor razón, para quienes, como ciudadanos, no conocen a fondo el funcionamiento del sistema político de nuestro país, o bien, solo conocen de este la cara de corrupción e impunidad.

Es por ello que en este apartado hoy me permito hacer una consideración y dejarla para el análisis de todos los lectores, esperando que con ella podamos recargar batería y reestablecer el animo que requiere esta nueva etapa.

El único triunfo democrático que resultó de la jornada electoral del 4 de junio fue haber logrado que la conformación del Congreso del Estado alcanzara una mayoría de diputados postulados por partidos de oposición a ese corrompido sistema.

Haciendo la suma de posiciones electas por el voto mayoritario o bajo el principio de representación proporcional el PRI contará en el Congreso con 10 diputados, el PAN obtuvo 9 diputados, el UDC tendrá 3 curules, MORENA tendrá 2 diputados y finalmente el PRD se mantuvo con un escaño.

Como puede advertirse, por primera vez en la historia de nuestro estado el Partido oficial no contará con la mayoría de las posiciones de decisión, ni una mayoría simple y mucho menos calificada.

Esto implica un avance enorme en el quehacer político de Coahuila, abre la puerta de par en par a lo que debería de ser el comportamiento normal del Poder Legislativo: el equilibrio de poderes frente al poder Ejecutivo e incluso el Judicial.

Con esto, se acabaron los cheques en blanco que los diputados de mayoría priista dieron sexenio tras sexenio al gobernador en turno a través de la aprobación ciega de endeudamiento, cuentas públicas, de la ligereza de nombramientos de magistrados, notarios y funcionarios “propuestos”, así como a la falta de atención del Ejecutivo a los exhortos de los diputados en temas de interés general.

Las condiciones están dadas y será a partir del próximo 1 de enero que la siguiente Legislatura asuma esta gran responsabilidad.

Pero para ello además, se requiere no sólo de contar votos sino de contar con perfiles de diputados comprometidos de verdad con la ciudadanía. Personas no sólo preparadas sino dispuestas a hacer frente al reto de transformar el actuar del Congreso.

Por lo que hace al Partido Acción Nacional, tengan la certeza de que las diputadas y diputados que asumirán dicho encargo lo harán con el compromiso y la altura de miras que este demanda.

Además, la coordinación que recientemente se encomendó al diputado torreonense, electo por mayoría de votos en su distrito, Marcelo Torres Cofiño cuenta con las cartas credenciales para llevar dicha tarea acertadamente y con la visión que merece.

Así que amigas y amigos, no nos dejemos arrastrar por el desconcierto que nos ha causado la entrada de un gobierno que la mayoría no elegimos. Como lo dije hace unas semanas, es mejor empoderarnos dando seguimiento a su actuación y calificándolo en la primera oportunidad.

Ahora la invitación es para que tomemos al Congreso del estado como fuente de información y a sus integrantes y liderazgos como nuestros representantes legítimos, en lo que se avisora será la primera etapa de la transición en Coahuila.

Lariza Montiel Luis
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