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Leopoldo Ramos
Leopoldo Ramos
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12 Julio 2015 04:00:15
Transporte público
La fracción panista del Cabildo de Saltillo autorizó durante la semana el incremento de un peso a la tarifa del transporte público, cuya vigencia inicia este domingo. Se trata de una medida sin sentido para los miles de usuarios que deberán destinar más presupuesto familiar para cubrir la necesidad primaria de trasladarse a su centro de trabajo, escuela o casa.

La nueva imposición se veía venir, no desde que el alcalde Isidro López Villarreal anticipó hace tres meses que inició negociaciones con los concesionarios del transporte urbano, sino desde el arranque de su administración. De hecho, una de las primeras decisiones de Isidro López como alcalde fue ceder a las presiones de los transportistas y afectar a trabajadores, estudiantes y amas de casa, para quienes el sistema colectivo es la única manera de desplazarse.

En el umbral de su gobierno, López echó abajo el sistema de transporte Saltibus, que con aciertos y errores diseñó y puso en marcha su antecesor, el ahora diputado federal electo, Jericó Abramo Masso. El proyecto creció a contracorriente en la anterior administración debido a la oposición de los concesionarios, quienes fueron obligados por la autoridad a invertir en la adquisición de unidades modernas, capacitación de choferes, y en la compra e instalación del sistema
de prepago que permitía a los ciudadanos acceder a tarifas preferenciales.

El SaltibÚs empezaba a funcionar cuando López llegó al cargo. Había rutas troncales con unidades que los usuarios identificaban con facilidad; los recorridos eran sincronizados, y sin necesidad de transbordar era posible viajar cómodo y seguro de un extremo a otro de Saltillo, o tomar una ruta alimentadora desde las colonias más alejadas, hasta encontrarse con las unidades nuevas en las vías rápidas. El Saltibús coincidía con los estándares internacionales de
movilidad urbana y permitía a la capital de Coahuila acceder a subsidios para perfeccionar el sistema de transporte.

Los detractores del Saltibus argumentaron que el servicio era confuso y los usuarios tardarían en acostumbrarse a los nuevos itinerarios; anticiparon la quiebra de los transportistas debido al empalme de las nuevas rutas con las tradicionales, y hasta hubo reclamos porque los operadores conducían las unidades a velocidad moderada.

El SaltibÚs pudo o no tener éxito, pero eso jamás se sabrá, pues al llegar al Ayuntamiento de Saltillo, Isidro López y sus afines en el Cabildo lo derribaron con el argumento de dar tiempo a los transportistas para encontrar una alternativa mejor.

Malo o bueno, había un plan en marcha, y a un año y medio de la actual administración solo existen los viejos problemas del transporte: unidades en malas condiciones mecánicas que contaminan sin empacho la ciudad; choferes sin criterio, ni respeto para los pasajeros, accidentes viales, algunos fatales, protagonizados por los transportistas, y un servicio cada vez más caro y deficiente.

Antes había un plan, y en el Gobierno de Isidro López lo vigente es el incremento a las tarifas, y la histórica promesa de los concesionarios para dar a los saltillenses “el servicio de transporte público que merecen”.
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