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Salvador García Soto
Salvador García Soto
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Salvador García Soto es periodista. Nació en Guadalajara Jalisco, donde cursó la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac. En Guadalajara colaboró en varios medios locales y en oficinas de los gobiernos estatal y federal. Fue reportero de la fuente política en El Heraldo de México y en el diario La Crónica de Hoy. Desde 1998 escribe la columna política Serpientes y Escaleras que se ha publicado en los periódicos La Crónica, El Independiente y actualmente en el Universal Gráfico. Fue director general de Crónica y ha colaborado en revistas como Vértigo y Cambio. Durante dos años fue conductor del programa Cambio y Poder que se transmite por Cadena Raza y desde noviembre 2003 colabora en W Radio como comentarista del noticiario Hoy por Hoy tercera emisión y en el programa El Weso.

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31 Agosto 2015 03:00:40
Tres años y no conocen la autocrítica
A punto de entrar a la segunda mitad de su sexenio, cuando mañana entregue al Congreso su Tercer Informe. El presidente Enrique Peña Nieto ha vivido, en tres años, un frenético ejercicio de Gobierno que se asemeja bastante a una montaña rusa: desde el arranque lento, en medio de cuestionamientos que dudaban de su capacidad, hasta alcanzar las alturas al negociar y operar en tiempo récord reformas que tocaron lo intocable y le cambiaron el rostro al país con un “Mexican Moment” reluciente y fugaz, para caer después estrepitosamente al fondo de la aprobación por minimizar la muerte de estudiantes y alojar la sospecha de corrupción en costosas mansiones que profundizaron el descenso, hasta un túnel de 1.5 kilómetros por donde se le fugó lo que quedaba de confianza.

En el medio sexenio de altibajos, donde entre el sube y baja Peña Nieto tuvo un claro remanso electoral que le permitió alcanzar una mayoría en el Congreso, sólo hay algo en lo que el Presidente y su equipo más cercano han sido congruentes, fehacientes y constantes: la ausencia total de autocrítica, una virtud de la que carece completamente este Gobierno, y que le impide —mientras el país navega entre las turbulencias externas y la desconfianza interna— que la autoexoneración, la ilegalidad y la complacencia con un Gabinete mediocre de colaboradores y amigos fallidos lo saquen a flote, ni siquiera con sus trascendentes reformas.

Al menos esa es la percepción hasta ahora cuando se analiza con detenimiento el discurso del jueves cuando el Presidente habló de un “cambio de rumbo para enfrentar los desafíos” y los graves problemas que enfrenta el país en la segunda mitad de su sexenio, y todo lo que nos ofrece es echarle “muchas ganas” junto con algunos cambios cosméticos en su Gabinete, que parecen más enfocados a 2018 que a sortear un 2016 que se avizora de grave crisis, y en lugar de cortar con lo que no ha funcionado, premia a cercanos cuestionados, mantiene a los que debieron irse y habilita a dos exquisitos y perfumados “presidenciables”.

¿Cómo va a cambiar el rumbo un capitán que navega exactamente con los mismos oficiales al mando, los mismos que no han podido ayudarlo a sortear las tormentas y más bien son responsables de que el barco se agite demasiado en aguas turbulentas?

Porque con los movimientos que anunció como una “redefinición” de Gobierno en el momento exacto “de llegar a la mitad”, el Presidente no hizo sino premiar a algunos de sus más cercanos -nótese el fortalecimiento de Luis Videgaray al entregarle a dos de los suyos, Meade y Nuño, el manejo completo del presupuesto social-, al tiempo que ratificó a otros de los secretarios cuya salida no sólo era esperada sino necesaria como los inexistentes titulares de Economía, Ildefonso Guajardo, o de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, el desgastado y golpeado secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza, o titulares de áreas estratégicas que necesitaban refrescarse como Pemex y la Comisión Federal de Electricidad. El Presidente parece otra vez dispuesto a absorber todos los costos por los errores y omisiones de su equipo y seguir siendo el único pararrayos de la ineptitud de su Gabinete.

Así no hay ni “golpe de timón” ni “cambio de rumbo”. Sólo se confirma que el capitán seguirá en su soberbia y navegando con su misma tripulación, para llevarnos, en los tres años que restan, en la misma dirección y por aguas turbulentas. Y en esa decisión pueden pasar dos cosas: o amaina la tormenta y llegamos a puerto en el 2018 más o menos tranquilos, o el barco peñista se hunde y con él nos hundimos todos.

NOTAS INDISCRETAS…cÓmo han cambiado los tiempos. Antes los “destapes” políticos los hacían las figuras o hasta los santones de la política, hoy los hace hasta un cantante grupero. Al menos eso fue lo que pasó ayer en Ciudad Mante, Tamaulipas, donde en pleno festejo con sus simpatizantes, el diputado Alejandro Guevara fue destapado nada más y nada menos que por el cantante de la Banda Trakalosa, Edwin Luna, quien interrumpió el sonsonete de la banda para gritar: “Con diputados como éste qué vamos a estar batallando ¡Futuro gobernador!”. Guevara Cobo, quien viene de ser coordinador de Giras del presidente Peña Nieto, sólo subió al estrado para agradecer y decir a sus seguidores que lo vitoreaban al ritmo de banda que “seguirá trabajando por ellos”. No cabe duda que también los destapes cambian… Los dados abren con Serpiente. Mal comienza el lunes.
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