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18 Agosto 2018 04:00:00
Tres formas inminentes de morir
Por: Arturo Rodríguez García

Nunca será posible entender lo que pasa por la mente de una persona cuando, sabiendo a plenitud del peligro de muerte que entraña su negocio, sigue adelante sin el menor cargo de conciencia. Aún peor es que actúan así, cuando tienen sus manos manchadas con la sangre de trabajadores, riqueza penosa con el sufrimiento de las viudas y los huérfanos.

Un video es la prueba: en la mina El Mezquital, propiedad de la familia González Garza, hay derrumbes entre cuyos escombros pasan los mineros a diario. No hay refuerzo ni limpieza básica.

Las vigas de madera están rotas y muchas sobrepuestas en el lugar del “caído” y en todo el socavón. En los techos no hay malla de protección, por lo que otro derrumbe no encontraría freno antes de caer encima de uno de los mineros que se animaron a hablar.

El agua llega hasta los tobillos y no se puede avanzar sin botas herméticas para evitar la humedad que terminará agudizando las decadencias fisiológicas consecuentes de la aspiración de aire sucio, puro polvo de carbón que se incrusta en las orejas y las fosas nasales, deja su rastro en la laringe y contamina irremisiblemente los pulmones.

Hace poco corrieron a un gasero y lo liquidaron con mil pesos después de 10 años de trabajo. Con la esperanza de tener lo justo, fue a la representación de la secretaría del Trabajo y Previsión Social, donde contó lo que ahí pasaba y las malas condiciones de seguridad.

Alguien les dio el pitazo a los directivos y de inmediato mandaron polvear la mina, colocar el polvo blanco para inertizar la volatilidad del polvo de carbón, pero nada más. Había un problema con la ventilación, pues lejos de usar cemento y sellar lo suficiente los procesos de conducción de aire, se les hizo fácil a los dueños poner mantas, así, viles mantas que impiden que el aire limpio llegue a los mineros y sellen lo necesario para que el aire sucio sea expulsado.

Los inspectores federales indicaron que debían reponerse 68 tapones pero sólo se colocaron 18. Cuando volvieron, algo hablaron con los ingenieros y nunca regresaron. Satisfactorio, para los emisarios del Gobierno, el cumplimiento. Y luego el tiro vertical inundado y arrojando agua al crucero poniente 8 donde andan unos 30 trabajadores.

Y la banda obstruida con basura. Y el cañón regresó obstaculizado con escombros. Sí, obstaculizado el cañón por el que podrían salir si hay un derrumbe o una inundación, porque también hay agua, mucha agua en un terreno que se está asentando y ya tiene vigas vencidas por la ruta de emergencia.

O sea: eso se está cayendo, está inundado, no tiene ventilación por lo que puede estallar en cualquier momento y no hay salida. Inminentes tres formas de morir: aplastado, asfixiado, ahogado.

El dueño es Alfonso González Vélez, hermano de Melchor, el del pocito 3 de Binsa, donde murieron 14 en 2011 y un niño resultó mutilado.

No es todo. Están dados de alta en el IMSS con 90 pesos diarios pero ganan más, aun con lo que los capataces piden “de manteca”, porque ahí hay que untarles la mano a los que pagan la nómina o, ilegales como son en todo, suelen rebajar el salario. El sindicato minero no los quiso recibir y los que lo promovieron ya fueron corridos por los afanes de un delator.
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