×
Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
ver +
Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

" Comentar Imprimir
30 Diciembre 2010 05:08:51
Triste
Tres mujeres, una muy joven, otra no tanto, y la tercera ya algo madura, brindaban en su reunión de fin de año. Dice la más joven levantando su copa: “¡Por ellos, aunque mal paguen!’’. Brinda la ya no tan joven: “¡Por ellos, aunque no paguen!’’. Y remata con afligido acento la de más edad: “¡Por ellos, aunque tenga qué pagarles!’’...

El pasado 24 de diciembre una frondosa mujer llamada Pomponona contrajo matrimonio con un añoso señor de nombre don Languidio. Al día siguiente comentó muy mohína Pomponona: “No tuve noche de bodas: Tuve Noche de Paz”.

Un sujeto mal encarado le dijo al padre Arsilio en el confesionario: “Me acuso, señor cura, de que me enfurezco cuando alguien me lleva la contraria. He llegado a romperle las costillas a quien se atreve a contradecirme’’. “Hijo mío, -le pregunta con dulce voz el sacerdote-. ¿Crees en la misericordia divina?’’. “Dios no existe’’ -responde con fosca actitud el individuo. “Tienes razón, hijito -se apresura a decir el padre Arsilio-. Tienes mucha razón”...

¡Mañana! Sí, mañana aparecerán aquí “Los Dos Chistes Más Pelados del Año”. Doña Tebaida Tridua, presidenta ad vitam interina de la Pía Sociedad de Sociedades Pías, leyó esos vitandos chascarrillos y vino al suelo poseída por violentos espasmos convulsivos de los llamados por la ciencia médica “saltatorios” o “danzantes”, los cuales hacen que la persona caída se mueva como si estuviera bailando en posición yacente. Fue inútil que su médico de cabecera, el doctor Ken Hosanna, le administrara varias dosis de tártaro estibiado, un vigoroso medicamento emético elaborado a base de antimonio y tartrato de potasa.

La ilustre dama no se ha repuesto aún de aquel tremendo síncope. Eso me hace pedir a mis cuatro lectores que lean con precaución aquellas dos historias, por los efectos que su lectura puede producir. Triste estoy; me siento apesarado y melancólico. ¿Será verdad lo que escuché apenas ayer, que en Lima va a cerrar sus puertas la librería “El Virrey”? Insigne casa es ésa, que durante muchos años ha cumplido en Perú la benemérita función que en México cumplen las librerías Gandhi, la de poner el libro al alcance de todos. La última vez que estuve en la ciudad limeña compré ahí una edición preciosa de las “Tradiciones peruanas”, obra de ese señor tan romántico, tan comecuras y de ingenio tan travieso que fue don Ricardo Palma. ¡Y ahora me dicen que ya se va “El Virrey”! Dos establecimientos, digo yo, jamás deberían desaparecer: Las tahonas y las librerías. Aquéllas nos dan el pan, alimento principal del cuerpo, y éstas nos ofrecen el libro, pan que nutre el alma. Los gobiernos de las naciones civilizadas -muy pocas quedan ya- deberían proteger a esos comercios, porque sin ellos la ciudadanía padece hambruna, corporal y del espíritu. Yo soy hombre de libros. Mi esposa dice que vivimos en una biblioteca que tiene una pequeña casa anexa. Si por misericordia del Señor me llama un día San Pedro para invitarme a entrar en la morada celestial, preguntaré primero si ahí hay libros, y sólo si los hay aceptaré la amable invitación. Por eso me apeno mucho cuando sé que una librería, cualquiera y en cualquier parte, va a desaparecer. Eso es como si desapareciera algo de nuestra humanidad, pues en los libros reside la palabra, y en la palabra -y por la palabra- vive el hombre. Hermosa frase esta última, merecedora de ser inscrita en bronce eterno o mármol duradero.

La guardaré para un concurso de oratoria.

Le preguntó alguien a Solicia Sinpitier, madura señorita soltera: “¿Qué hiciste en los días de Navidad?’’. Responde ella: “Visité al Santa Claus de todas las tiendas de la ciudad. Ésa es la única oportunidad que tengo de sentármele en el regazo a un hombre’’... “A ver, Pepito, -pregunta la maestra-. ¿Qué es un paralelepípedo?’’. Arriesga el chiquillo: “¿Un tartamudo borracho?’’... Don Astasio llegó al consultorio de un eminente médico. “Doctor -le contó-. Hace una semana encontré a mi esposa en la alcoba con un desconocido. Antes de que pudiera yo decirle algo ella me mandó a la cocina a que me tomara un café. Al siguiente día la volví a sorprender en lo mismo, y otra vez me mandó a la cocina a tomarme un café. Todos los días la encuentro en la recámara con un hombre distinto, y siempre mi mujer me manda a la cocina a tomarme una taza de café. ¿Qué debo hacer?’’.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2