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Sonia Villarreal
Sonia Villarreal
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Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación. Regidora en el Ayuntamiento de Piedras Negras. Secretaria General del Comité Municipal del PRI. Secretaria Técnica del Ayuntamiento. Directora General de Desarrollo Social en el Municipio. Directora del Registro Público de la Propiedad y del Comercio. Secretaria de la Secretaría de las Mujeres en el Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza. Actualmente Diputada Local por el XVI Distrito Electoral, y Presidenta del Comité Municipal del PRI.

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15 Julio 2017 04:00:00
Tristeza oculta. Parte I
Despertó al escuchar el llanto de su pequeña hija. Intentó varias veces abrir los ojos, pero estaban demasiado húmedos, y la humedad no le permitía ver. Después de varios intentos, tomó como pudo un pedazo de sábana para limpiarlos y fue cuando se dio cuenta, que estaban cubiertos de sangre.

Su corazón se aceleró sin saber que era lo que pasaba, hasta que empezó a recordar.

Salió del trabajo, fue por su pequeña de tres años a la guardería, llegó al súper por algunos víveres y se dirigió a casa.

Él estaba tomando con sus amigos como era ya su costumbre. Saludó, se dirigió a la habitación de la niña, la bañó, le subió su merienda y vieron un rato televisión juntas hasta que la dejó dormida.

Estaba a punto de entrar a su habitación, cuando él, sorpresivamente y de la nada, la tomó del cabello y la aventó contra el suelo. Relata que se levantó para correr, pero no lo logró, la volvió a tirar, y ya en el suelo, la golpeó en el rostro y donde pudo a punta de patadas.

Le pidió muchas veces que se detuviera, pero ni siquiera la escuchaba, solo le gritaba un insulto tras otro, al tiempo de la golpeaba.

Como pudo lo tomó de un pie, y gracias a su embriaguez, logró derrumbarlo, se levantó no sabe cómo y se encerró en su habitación evitando a toda costa involucrar en tan terrible situación a su pequeña hija.

Él golpeaba la puerta lleno de rabia y la amenazaba para que abriera. Dice que en medio de su angustia quería adivinar qué era lo que lo tenía tan enojado para tratar de remediarlo y terminar con la pesadilla. Pero nada… nada venía a su mente, ¿qué fue lo que hice? se preguntaba una y otra vez, no recuerda bien las frases y los insultos que le decía, pero algunas que todavía taladran su mente son: “No vales nada sin mí, maldita engreída” “Tú solo entiendes a golpes”

Pasaron varios minutos, y cuando pensó que se había quedado dormido por el efecto del alcohol, sacó su teléfono para pedir ayuda, ningún número se le venía a la mente, no conocía el número de la Policía o de emergencias, pensó en llamar a una amiga pero sintió pánico de que también a ella la lastimara, no sabía qué hacer y empezó a llorar.

Cuenta que quizá por sus sollozos o por sus rezos, logró despertarlo. Le habló con calma, le pidió con palabras dulces que abriera la puerta, le pidió perdón, dijo que jamás volvería a suceder, le rogó por más de diez minutos que le abriera y empezó a silbarle una canción.

Dudó en abrir. Tenía mucho miedo. Pero sus palabras en calma le dieron la seguridad de que todo había pasado y una vez más, todo volvería a la normalidad. Respiró profundo, se encomendó a Dios y abrió la puerta.

Ahí estaba, de pie, con la mirada descompuesta, y mientras se acercaba para besar su frente, con el puño cerrado, le dio un golpe en la cabeza.

Quizá no debió abrir la puerta, quizá debió calmarse y pedir ayuda, solo ella sabe lo que pasó por su cabeza, para nosotros sería muy fácil juzgar y pensar que pudimos haber actuado de muchas maneras. En el desarrollo de esta historia que narraré en tres partes, podremos encontrar algunas respuestas, por lo pronto, vale la pena reflexionar en el tipo de sociedad que queremos formar, una basada en el respeto y la tolerancia, o una que surge del control sobre los demás, yo, me quedo con la primera…Y tú ¿Qué opinas?
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