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Sonia Villarreal
Sonia Villarreal
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Licenciada en Ciencias de la Información y Comunicación. Regidora en el Ayuntamiento de Piedras Negras. Secretaria General del Comité Municipal del PRI. Secretaria Técnica del Ayuntamiento. Directora General de Desarrollo Social en el Municipio. Directora del Registro Público de la Propiedad y del Comercio. Secretaria de la Secretaría de las Mujeres en el Gobierno del Estado de Coahuila de Zaragoza. Actualmente Diputada Local por el XVI Distrito Electoral, y Presidenta del Comité Municipal del PRI.

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22 Julio 2017 04:00:00
Tristeza oculta. Parte II
Cuando despertó del golpe en la cabeza gracias al llanto de su hija, se encontraba sobre la cama, totalmente desnuda y con las manos y pies mal atados con unas corbatas, que ni siquiera puede recordar el color.

No podía ver por la sangre que corría por sus ojos, tenía miedo moverse o hablar y que eso fuera a enardecer su ira. De manera involuntaria tendía a quedarse dormida, pero el llanto de la niña no cesaba y se volvía a despertar.

Entre el llanto y su maltratado cuerpo, apenas era consciente de lo que le pasaba, hasta que, lo que escuchó la hizo reaccionar: “Creo que me la eché compadre, perdí la cabeza, ahora me tiene que ayudar a sacarla de aquí, no se mueve, pero si se mueve, la acabo, porque quien sabe que sea capaz de hacer esta vieja”.

¿La acabo? ¡Me quiere matar! Con la voz temblando y secando sus lágrimas con rapidez, explica que pasaron mil cosas por su cabeza, la pequeña niña que lloraba en el cuarto de al lado, la fragilidad de sus padres, que aunque no eran de edad avanzada, uno de ellos se encontraba en silla de ruedas a consecuencia de la diabetes mal atendida. Sus hermanas menores, el trabajo, la recién terminada maestría en sistemas de control de calidad.

Todo pasaba en cascada, sin orden, lamentaba no haberlo dejado antes. Ella tenía un buen trabajo, y muy buen sueldo, pero nada se podía explicar.

De pronto todo quedó en silencio y volvió a perder el conocimiento… ¿y la niña? ¡ya no llora la niña! Un frío indescriptible recorrió todo su cuerpo, y el miedo, aún mayor que el sentirse amenazada de muerte, le hizo alcanzar la sábana para limpiar sus ojos y ponerse de pie.

Las piernas le temblaban, no sabe si por los golpes o por la angustia que sentía de no escuchar a la niña, salió de su cuarto y lo vio dormido en el pasillo, tenía el teléfono en la mano, pensó en golpearlo, en llamar a la policía, en salir corriendo a pedir ayuda… ¿y la niña?
Caminó tan rápido como pudo y abrió la puerta de su cuarto. Estaba ahí, con la luz prendida, tenía el chupón de una de sus muñecas en la boca, la muñeca se encontraba a un lado, vio cómo su estómago se inflaba lentamente y se volvía a desinflar, le volvió el alma al cuerpo, pero dice que esta vez, no pudo llorar.

Entonces recordó que cuando llegó del trabajo se fue directo al cuarto de su hija ¡su bolsa estaba ahí… y estaban las llaves de su auto! su corazón palpitaba rápidamente y la respiración se aceleraba, se asomó por la ventana y se dio cuenta que el auto estaba afuera, no lo pudo meter a la cochera porque otro auto estorbaba ¡era perfecto! Era el momento de huir.

Se asomó al pasillo para cerciorarse de que siguiera dormido, pero él ya no estaba ahí. Caminó unos pasos para saber dónde se encontraba y lo vio en la habitación, dormido sobre la cama, sin camisa, y el cuerpo descansando como si nada hubiera pasado. Caminó hacia él y sin pensar en nada, se acostó a su lado y lo abrazó por la espalda.

¿Qué puede pasar por la mente de alguien que ha sufrido de esta manera? Tal vez nosotros no lo podemos entender, pero la violencia progresa silente conforme la relación se va haciendo más compleja y para ellas es más difícil darse cuenta de la forma en que su vida se va deteriorando…Y tú ¿Qué opinas?
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