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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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15 Diciembre 2018 04:09:00
Triunfo pequeño, éxito grande
“De todos los eventos que pueden motivar profundamente a personas en su trabajo, el más importante es simplemente progresar en actividades que tengan valor específico”.

Estas palabras de la sicóloga Teresa Amabile encierran un descubrimiento clave para el progreso personal y organizacional.

La profesora de Harvard y su esposo Steven Kramer derivaron sus observaciones de un amplio y peculiar estudio empírico. Por 15 años levantaron y estudiaron diarios de empleados de todo tipo.

“Los 12 mil diarios revelaron la vida interna del empleado: las emociones, percepciones y motivaciones privadas que son respuesta a lo que sucede en el trabajo. Esta vida interna determina el desempeño e influencia de la creatividad y productividad”, explica Amabile en una charla de TED.

La sorprendente conclusión es la del inicio de la columna: no es el dinero o los bonos lo que importa más para tener una buena vida interna laboral, sino el progreso pequeño y constante.

Con base en sus investigaciones, Amabile escribió el libro El Principio del Progreso, donde identifica catalizadores y obstructores para que el empleado progrese.

De acuerdo con un resumen de Joel Canfield, los siete catalizadores son:

1. Establecer metas claras. Saber a dónde se va y por qué.

2. Autonomía. La autodirección motiva.

3. Proveer los recursos necesarios.

4. Dar tiempo suficiente. Ojo, pero no demasiado. Balance.

5. Brindar ayuda según se requiera.

6. Aprender del éxito... y del fracaso. Esto último es clave.

7. Permitir el flujo de ideas. Debate sin negativismo.

Estos catalizadores deben ser acompañados por cuatro actitudes de soporte a la persona: respeto, aliento, soporte emocional y afiliación –acciones que generan
confianza y aprecio–.

Quizá más importante que los catalizadores es que no existan obstáculos al progreso. Como bien dice el libro El Poder de un Revés: “para incrementar el nivel de frustración es dos veces mayor que el poder del
progreso”.

Canfield resume cuatro mecanismos que dañan el progreso personal:

a) Que el trabajo o las ideas sean ignoradas o descartadas (relea la columna “Motivar, ¿sólo con dinero?”).

b) Perder el sentido de propiedad sobre el trabajo.

c) Saber que el trabajo no servirá de nada.

d) Trabajo que no aprovecha el potencial del empleado.



Buenísimos consejos para todos los que tengan a su cargo a empleados. Pasemos ahora a la perspectiva del empleado. ¿Qué hacer a nivel personal para lograr este progreso constante?

Amabile y Kramer sugieren en un artículo del HBR desmenuzar problemas en pasos pequeños y modestos para reducir el temor, clarificar dirección y aumentar la probabilidad de tener éxitos modestos que a través del tiempo conlleven a grandes soluciones.

Sugieren buscar “éxitos pequeños”.

“Un éxito pequeño es concreto, completo y su resultado tiene impacto moderado. Por sí mismo es irrelevante. Pero una serie de ellos crea un patrón que atrae aliados, aleja a oponentes y reduce la resistencia a acciones futuras”, explica Karl Weick, profesor de la Universidad de Michigan.

Resaltan las ventajas sicológicas de los triunfos chiquitos.

“Para mantener una salud emocional todos necesitamos éxitos pequeños personales. En el extremo reconocerlos y celebrarlos inclusive ayuda a superar una depresión”,
explican.

¿Sabe qué? En un mundo de empleados desenganchados, las ideas de Amabile y su marido pueden ser claves. Imagine, de acuerdo con una encuesta de Gallup entre miles de empleados estadunidenses, 68% está desmotivado. Peor aún, la cifra no ha cambiado nada en cinco años.

Aparte, 65% de los gerentes está desenganchado y al 51% le vale madre todo. Cifras fatales, pues la motivación es clave.

“Las compañías con empleados motivados tienen 47% menos ausentismo, son 21% más productivas y son 22% más rentables”, explica Jim Harter de Gallup en un artículo del consultor Mark Crowley.

Le propongo agregar un propósito de Año Nuevo a su lista: progresar y triunfar en pequeño. Quizá esta meta sea chiquita, pero su impacto no.

En pocas palabras...

“Un campeón teme perder. Los demás temen ganar”.

Billie Jean King, tenista estadunidense.
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