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25 Enero 2018 04:00:00
Trudeau y su revolución de género
Lo digo matizado con cierto sarcasmo, tal parece que el sino de las mujeres es llegar tarde a todo: Primero a ser reconocidas como seres con derechos, después a votar, a la emancipación sexual y ahora, finalmente, a lograr el equilibrio de igualdad salarial-laboral con el hombre.

No ha sido una lucha fácil casi siempre acompañada del grotesco calificativo de feministas (aunque una no lo sea) nada más por quejarse y proclamar la necesidad de vivir con las mismas reglas del juego que en el ámbito laboral y salarial subsisten para los varones.

Me viene a la mente la monstruosa deformación conceptual y real del rechazo a lo que se considera el género débil, tanto que todavía en el plenilunio del nuevo siglo y milenio muchas mujeres no pueden sufragar no cuentan ni política ni electoralmente hablando; sucede aún en Catar y Kuwait y con muchas restricciones en Bahréin, Arabia Saudita y Emiratos Árabes que apenas hace unos escasos años atrás comenzaron a incluir el voto femenino en las elecciones.

Es duro verdad, pero sucede. Se ha ido saliendo de la invisibilidad a tropezones, básicamente lograr ese derecho político ha sido muy útil, queda trabajar profundamente contra el rezago socioeconómico de género y por la protección de los derechos de las niñas y las mujeres quitarles ese crisol sexuado desde el que se les observa siempre… por principio de cuentas.

El movimiento #MeToo ha significado un parteaguas, quizá todavía no totalmente valorado, porque apenas comenzará un recambio del chip en la forma de vinculación de hombres con mujeres en el ámbito laboral; desde mi óptica se trata de un revulsivo tan valioso como cuando en su momento la mujer logró su emancipación gracias a los movimientos de 1960 y 1970 en los que inclusive además de rebelarse contra su rol lo hizo igualmente para expresar abiertamente su opinión acerca del aborto y la píldora anticonceptiva.

En la actualidad es otro el canon: Las denuncias por acoso sexual laboral, coerción, coacción, intimidación y hasta violación regurgitan como lava candente desde debajo de la tierra, y prácticamente de todos los ámbitos, atrapando la atención mediática mundial porque han sido mujeres con nivel de notoriedad las que han denunciado su victimización en su particular carrera hacia el éxito.

Desde la esfera del espectáculo hasta el deportivo, el empresarial sin librarse las relaciones de poder dentro de la esfera oficial en distintos órdenes del gobierno según se han desprendido de diversas denuncias en otros países occidentales.

A COLACIÓN
El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) decidieron hace tiempo empoderar a las mujeres en sus diversos programas sociales y apoyar el cambio, la transformación coloquial de los subsidios sociales dejar de otorgarlos a la oferta, luego a la demanda para finalmente apostar por darles el subsidio directo a las mujeres por su mayor responsabilidad y su rol en el hogar hacia los hijos, se llaman transferencias monetarias condicionadas.

Ahora me parece que el nuevo movimiento impulsado también desde las instituciones –aprovechando el clamor social femenino- tenderá a la igualdad de género en el terreno laboral y salarial.

El acento lo ha puesto Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, durante su participación en el ya tradicional Foro Económico Mundial de Davos; ayer, ante ese portentoso club de ricos y poderosos reunidos en las montañas nevadas suizas, opinó que es momento de “poner a las mujeres primero” y refrendó que no es banal la polémica sexual del #MeToo.

Trudeau denunció abiertamente el asombroso hueco entre ricos y pobres pero también el asombroso hueco de género, una brecha profunda entre hombres y mujeres.

“Nosotros estimamos que nada más en Canadá, estrechar este brecha de género en el terreno laboral-salarial costaría 150 billones en nuestra economía de aquí al 2026”, aseveró el líder político canadiense.

Según el Peterson Institute for International Economics si se le diera mayor posición de liderazgo laboral a las trabajadoras pasar del baremo del 0% al 30% se traduciría en un incremento del 15% en los beneficios y ganancias en el sector empresarial.

No hay que ver con temor la igualdad salarial no es una pérdida para las empresas porque tiene enormes consecuencias positivas para la economía; en cifras compartidas por Trudeau, en el atril de Davos, en el caso de Estados Unidos “una paridad económica de género añadiría 1.75 trillones de dólares al PIB americano” y en el caso de China, los beneficios se traducirían en un incremento de hasta 2.5 trillones de dólares en su PIB.

Para Canadá este año lo tiene clarísimo: Sacar avante una legislación para asegurar la igualdad salarial y laboral a nivel federal que no subsistan más injusticias y es que “las mujeres hacen más horas de trabajo y más horas trabajadas no pagadas en comparación con los hombres”. Al fin, un quid pro quo.
Directora de Conexión Hispanoamérica, economista experta en periodismo económico y escritora de temas internacionales

@claudialunapale
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