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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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30 Enero 2017 03:00:00
Trump no es un ‘Terminator’
¡Mexicanos al grito de guerra! En estos últimos días nos hemos sentido atacados por Masiosare, el enemigo del rubio copete, y hemos reaccionado, sobre todo al etéreo nivel de las redes sociales, con acciones que reflejan indignación profunda y ganas de no dejarnos. Aclaro que me parece emocionante observar las múltiples reacciones de defensa a la nación, cada quien desde su muy particular trinchera: desde Peña Nieto enfrentándose a la cancelación de la cita y su equipo de alto nivel esperando en Washington a ser recibidos, haciendo una antesala que tal vez no esperaban y quizá sientan que no va con su dignidad, pero aguantando, hasta la reacción de muchos y muchas que cambiaron su fotografía de WhatsApp por una bandera o un escudo nacional, en un franco sacrificio narcisista reflejo indudable de su amor por México. Pero no sólo fueron ellos. Los globalifóbicos aprovecharon la ocasión para hacer un llamado a los patriotas mexicanos para que no compren en toda tienda que tenga capital norteamericano (o que tenga nombre en inglés, que para el caso es lo mismo), ignorando que el capital no tiene nacionalidad, que ese no es el asunto (por ahora) y que tomando esa postura reafirman la del señor Trump. Además, a río revuelto, muchos pescadores, políticos en activo y aspirantes se subieron al barco del nacionalismo y gritaron su amor al país, por lo menos en este asunto (algunos ya habían gritado su amor a Hilary y otros su odio a Trump). Pero quien sale a calmar los ánimos es Carlos Slim, que ya se enfrentó de verdad al nuevo Presidente y con quien realmente negoció. Ignoro qué tanto ha influido su actitud ante el Mandatario norteamericano, pero cuando se le pregunta si lo ve como amenaza, Slim responde que no hay que tenerle miedo: “Trump es ante todo un gran negociador… hablando cinematográficamente, él es no es un Terminator, es un Negociator” y dice lapidario: “Si Trump pretende crecer 4% su economía va a necesitar mucho empleo y mucho a los empleados mexicanos, hasta para levantar el muro. Hay que empujar la legalización de los que están ya allá y plantear planes de trabajos temporales como los que tenemos con Canadá”, lo cual es todo un presagio del futuro visible. Y no está mal confiar en Slim, que a lo de la economía parece que sí le sabe: cuando en la crisis del 2008 el muy reputado economista y secretario de Hacienda, doctor Agustín Carstens, consideró que la recesión económica en Estados Unidos era “un catarrito”, Slim polemizó de una manera muy fuerte contra él y finalmente la historia le dio la razón: el catarrito era en realidad una pulmonía mundial.

Pero también Slim opinó que esta crisis ha tenido grandes beneficios en el ánimo nacional. Dijo: “Estoy feliz de la unión que veo en México ahora, con el apoyo general que estamos dando al Presidente en esta situación frente a Estados Unidos, me recuerda a la solidaridad y unión que vimos en 1985 cuando fue el terremoto”. Y podríamos abundar en este tema diciendo que el significado de patria para nuestros jóvenes ha cambiado de rumbo. No es que las nuevas generaciones la hayan visto con frialdad o indiferencia, sino que la ven ya en un contexto diferente. Para esas generaciones, los héroes patrios, los símbolos, con la bandera, el escudo y el himno nacional, siguen presentes, aun cuando la juventud (generación x, millenials y los que a usted se le ocurra) ya no tienen muy claro cuál es la diferencia entre lo mexicano y lo mundial.

Cumplida la profecía de Marshall McLuhan, de que toda innovación tecnológica crea nuevos ambientes que destruyen las imágenes nacionales y colectivas y que hoy no es nada fácil sentirse único en el mundo, nos fuimos quedando sin el imperativo de los valores nacionales y para colmo las escuelas están perdiendo la batalla como opción hegemónica que forma la cultura de las nuevas generaciones. Los valores nacionales se volvieron mundiales y sus conceptos culturales no sólo se ampliaron, también se hicieron borrosos y muy imprecisos. Hoy es más fácil identificarse con un equipo deportivo que con un héroe de la Independencia o con un símbolo patrio. El imaginario social que nutría de símbolos se quedó sin brújula.

Por eso, si esta crisis nos apoya en la tarea de construir la imagen de nación que requerimos para seguir identificándonos con ella y mantener vivo el amor a la patria, bienvenidos los sustos y el sacrificio del dólar por las nubes. Bien vale París una misa.
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