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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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24 Julio 2018 04:00:00
Tú, el despreciado…
Esa mañana, al despertar, Gregorio Samsa se halló convertido en un bicho repugnante. Estaba apoyado sobre su espalda, que ahora era un duro caparazón. Al levantar la cabeza, pudo ver su vientre oscuro (...) Incontables patitas, flacas y débiles se movían desmañadamente. “¿Qué me está ocurriendo?”, exclamó. No era un sueño...

No, no era un sueño sino tu espejo. Tú, el menospreciado, mírate en él. Gregorio, afirma Kafka en La Metamorfosis, también nació y creció al igual que yo y que tú mismo para despertar convertido en un bicharajo que en todos los de su mundo causara repulsión. ¿Como tú, posiblemente?

Humillante, sí, ¿pero todos te desprecian porque eres un bicharajo o eres un bicharajo porque todos te han despreciado? Puedes estar en la segunda opción; voy a darte un ejemplo, y permite que me interne en la experiencia personal: una mujer hubo que amé como a mí mismo y tantito más. Era yo grande, era el centro del universo cuando me llamaba “amor”, así fuese tan sólo con su modo de mirar, forma la más elocuente de expresarlo. Pero de pronto mi única se oscurecía, y con toda su boca y con todas sus letras me motejaba de mediocre, de Samsa, de pobre infeliz. Yo, sarna, tiña y pitaña en los ojos, me echaba en un rincón, y con las patas rascábame la picazón de las pulgas en la pelambre del costillar. ¿Me vas entendiendo?

Es para hacerme entender que tuerzo a propósito seis líneas de la Biblia referente a Job. Dios permitió a Satán despojar al varón de virtudes de todo bien material y matarle a los hijos. “Dios me lo dio, Dios me lo quitó”, las palabras del justo. Pero en una de esas: “Job fue herido por una maligna sarna desde la planta de su pie hasta la mollera de su cabeza, y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza. Díjole entonces su mujer: “¿Aún retienes tú tu simplicidad? Maldice a Dios, y muérete”.

¿Según la Biblia, Job ya estaba sarnoso cuando lo abandonó la mujer? ¿No sería que cuando su única lo desprecia y abandona es cuando Job se torna sarnoso? Elocuente la versión de Sabines: “Abandonado estoy, sarna de Job, paciencia mía”.

Y tú, ¿cuál es la causa de tu ser despreciado? ¿Una limitación física? ¿Te persigue, tábano atroz, la discriminación que zahiere a todo grupo marginal? ¿El alcoholismo, tal vez? ¿Con la posición económica perdiste también vivienda, amigos, a esa amantísima que con su ausencia te resquebrajó la vida? Quizá, hombre de bien y espejo y flor de virtudes, la maledicencia se ensañó contigo. Te arrebataron tu fama pública, posiblemente. ¿Eres, tú también, el depauperado, el vituperado, el execrado al que despellejaron de la autoestima, dejándote en carne viva tu sentimiento de ser un humano redrojo, y no más? Todo ello habrá terminado por hacerte sentir un inválido espiritual, un enfermo en fase terminal, un difunto ambulante, una sombra de un mal sueño, y no más...

¿Perteneces a la humana ralea de quienes cargan sobre los lomos el fardo del diario vivir una vida pesada de soportar? ¿Esa vida te hace sentir un humano redrojo y arrastras tal sentimiento de minusvalía que añoras el sepulcro como solución placentera? Pues qué, ¿acaso no tienes un nuevo motivo para vivir? Animo, yérguete, resucita, que para ti, que aún crees en los entes políticos, hay esperanza ¿No atarantaste a golpes de voto a esa sabandija ladrona del PRIgobierno? ¿Entonces?

(Ánimo).
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