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Ricardo Raphael
Ricardo Raphael
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Licenciado en Derecho por la UNAM. Maestro en Ciencias Políticas por el Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. Maestría en Administración Pública por la Escuela Nacional de Administración (ENA) de la República Francesa. Estudios Doctorales en Economía Política y Políticas Comparadas por la Escuela para Graduados de Claremont, California, EU. Secretario General de Democracia Social, Partido Político Nacional. Representante ante el Consejo General del IFE del partido México Posible. Coordinador de la Comisión Ciudadana de Estudios para Eliminar y Prevenir la Discriminación. Actualmente es profesor afiliado a la División de Administración Pública del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Conductor del Espiral, programa de análisis político dominical del Canal 11. Analista Político cotidiano del Noticiero Enfoque de Núcleo Radio Mil. Analista semanal del noticiero nocturno de Proyecto 40. Co-conductor del programa Claves, también de Proyecto 40. Integrante de la mesa editorial de la Revista Nexos. Miembro del Consejo Consultivo de Conapo. Cuenta con diversas publicaciones en temas relativos a: La transición democrática. La función pública. El sistema de partidos. Los derechos. La ciudadanía.

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11 Julio 2016 04:00:16
¿Tú le crees al PRI?
De ser hoy las elecciones para la Presidencia únicamente dos de cada 10 votantes sufragarían por el PRI. Es la segunda fuerza pero sólo aventaja con tres puntos a Morena, quien según la encuesta de Buendía & Laredo, publicada la semana pasada en El Universal, se halla en el tercer lugar de las preferencias. El PAN encabezaría la intención con 24% de los sufragios.

El Revolucionario Institucional tiene otro problema más grave. Según esta misma medición, de todos los partidos que habitan el sistema político mexicano es el que despierta mayor animadversión: cuatro de cada 10 personas afirman que jamás votarían por el tricolor.

En la historia de este partido no hay registro de tanta debilidad. Ni el PRD –que sólo cuenta con 6% de las intenciones– exhibe un voto negativo tan abultado.

¿Cómo fue que el partido hegemónico del siglo 20 mexicano cayó tan bajo?

La respuesta está en la expectativa que hace cuatro años despertó Enrique Peña Nieto y que hoy es frustración. En el presente, seis de cada 10 mexicanos reprueban su gestión.

Para muchos el regreso del PRI significó en 2012 la vuelta de la eficacia en el Gobierno. El desengaño está ligado, por tanto, a un juicio negativo sobre el talento político demostrado durante la presente administración.

El PRI de Peña Nieto dejó de ser verosímil como opción para resolver los problemas del país.

No se trata de un asunto de mala comunicación y tampoco de propaganda insuficiente.

La actual Administración prometió una tasa de crecimiento que no logró, apostó por disminuir la pobreza y fracasó, jugó la carta de una reforma educativa que hoy hace agua y presentó como panacea a la reforma energética, que nada notable ha entregado hasta ahora.

Junto con lo anterior sobresale un manejo lodoso en materia de derechos humanos y una incapacidad rotunda para enfrentar los asuntos de corrupción.

La política gubernamental en derechos humanos se ha preocupado ante todo por negar la realidad: Tlatlaya no existió, Ayotzinapa no sucedió como sucedió y, en breve, Nochixtlán será también una invención malintencionada del imaginario colectivo.

Mientras tanto los actos de corrupción sobreviven intocados: los gobernadores del PRI se han mostrado como los más hampones pero no han merecido siquiera un regaño breve del señor Presidente.

Así las cosas, no sorprende que la actitud condescendiente hacia los comportamientos indeseables de la clase gobernante sean interpretados como complicidad.

¿Por qué Enrique Peña Nieto no repudia los paquetes de impunidad que los gobernadores Roberto Borge, Javier y César Duarte aprobaron durante las últimas semanas? ¿Estará pensando acaso el Presidente en otorgarse un regalo similar antes de partir?

Al partido fundado hace 87 años le hace falta reconocer el origen principal de su crisis: la sociedad mexicana está cansada del engaño.

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Es equivocado suponer que se puede liderar con credibilidad a partir de una primera mentira.
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