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Federico Muller
Federico Muller
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25 Agosto 2017 04:00:00
¡Turismofobia!
Desde el siglo 20, la llamada industria sin chimeneas se ha convertido en una actividad rentable para las economías con “vocación turística”, particularmente por los empleos y la derrama económica que genera, pues es considerable la cantidad de divisas que mueve anualmente. En 2016, alrededor de mil 200 millones de personas se desplazaron en calidad de turistas a escala planetaria, lo que económicamente correspondió a 10% del producto bruto mundial. Los países que más vistan los turistas son Estados Unidos, Francia y España.

En México, por la cantidad de dólares que produce, el turismo se sitúa solamente por abajo del sector automotriz y de las remesas que envían los trabajadores desde Estados Unidos. A pesar de que aproximadamente 88% de los turistas que recorrieron México en 2016 fue nacional, el resto correspondió a visitantes extranjeros (Fuente: Secretaría de Turismo). Por otro lado, en una perspectiva nacional más amplia, el turismo participa con 8.5% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, porcentaje que puede considerarse aceptable si se compara con la media de los países miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), que asciende a 4.1 por ciento. (Fuente: OCDE).

Sin embargo, de acuerdo con el Estudio de la Política Turística en México recientemente presentado, al país le falta reorientar sus políticas turísticas en cuanto a la diversificación de los productos que ofrece -que vayan más allá de sol y playa-, y hacer estas políticas sustentables e incluyentes, adaptándolas a los nuevos modelos sociales que permean las estructuras tradicionales de la sociedad mexicana. En el estudio se hace referencia a que el sector turismo ha crecido por debajo del nivel de la economía nacional en los últimos 10 años.

Cabe señalar que, hasta hace poco tiempo, las opiniones o comentarios negativos que surgían cuando se hablaba del turismo eran en el sentido de que dicha actividad propiciaba actividades como trata de personas, lavado de dinero, ludopatía y prostitución, entre otras. Estas críticas no pasaban de los corrillos de conservadores y círculos de café, sin llegar a afectar los movimientos de personas -extranjeros y residentes- que se desplazaban a playas y ciudades coloniales del país.

No obstante, está iniciando un movimiento, particularmente en España, que rechaza el turismo, o para ser más precisos, al turista. Llama la atención que son los propios habitantes de los lugares que visitan los turistas, quienes se oponen a tal actividad. Un periodista español le llamó turismofobia. El sentimiento antiturismo ha alcanzado proporciones desmedidas y en encuestas realizadas por medios de comunicación de Cataluña, se evidencia la magnitud de dicha fobia: para los catalanes es una preocupación relevante que va más allá de otros problemas como el desempleo, el acceso a la vivienda, entre otros temas urgentes. Las crónicas periodísticas de esa región hablan de acciones en contra del turismo como la pinchadura de llantas a los turibuses. Después de los recientes atentados terroristas en Cataluña, es probable que aumente el menosprecio por el visitante extranjero, y más si proviene de países musulmanes.
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