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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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17 Junio 2018 04:00:00
U.S. AID
Nació en 1961 por decreto de John F. Kennedy. Es una agencia oficial de los Estados Unidos de América creada con el propósito de “fomentar de los intereses de los Estados Unidos de América, mejorando vidas en el mundo en desarrollo”, proyectando la política exterior estadounidense, procurando el progreso de humano en una escala amplia, al mismo tiempo en que procura “sociedades estables”, “libres”, y crea mercados y socios comerciales para los Estados Unidos, promoviendo la buena voluntad hacia ese país en el extranjero.

Aunque se proclama autónoma, su naturaleza oficial, su vocación internacional y su propósito central, así como su misión, la ubican en el área de influencia del Departamento de Estado de ese país, cuyas directivas y políticas sigue puntualmente al cuidar los intereses estadounidenses en las tareas estratégicas no militares que la agencia lleva a cabo.

Su misión, expresamente manifestada, es, en nombre del pueblo de los Estados Unidos, promover y promover los valores democráticos en el extranjero, e impulsar un mundo libre, pacífico, y próspero” dice en su página web ( HYPERLINK “https://www.usaid.gov/who-we-are/mission-vision-values)” https://www.usaid.gov/who-we-are/mission-vision-values)., donde también se afirma que “en apoyo de la política exterior de los Estados Unidos de América, la Agencia estadounidense para el Desarrollo Internacional conduce al desarrollo internacional del Gobierno estadounidense y la asistencia en caso de desastre, por medio de inversiones asociación que salvan vidas, reducen la pobreza, refuerzan la gobernanza democrática, y ayudan a la gente a salir de crisis humanitarias y progresar cuando cese la asistencia.

Como podrá inferirse, es un instrumento muy útil para la inducción de políticas afines a los intereses estadounidenses en el mundo y para hacer prevalecer sus pretensiones en él, pero sobre todo en los países llamados “en desarrollo”, es decir, aquellos en que las comunidades son más frágiles, viven en riesgo permanente y son, por lo tanto, terreno propicio para la recepción de asistencia.

Se trata de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, a la que últimamente ha sido vista, por sí o por terceras organizaciones, en los pasillos y oficinas de los gobiernos federal y locales de México, con importantes participaciones en tareas de planeación y organización, diseño y evaluación de políticas públicas, en áreas que son muy sensibles para la población y vinculadas muy estrechamente con el ejercicio del poder público.

Hay que decir aquí que la fama que la precede no es precisamente de candor y bondad infinita. A lo largo de su historia se la han atribuido conexiones con la Agencia Central de Inteligencia y atribuido intervenciones en muy diversos eventos de naturaleza política., como desestabilización de gobiernos y, en algún caso, hasta de apoyar actividades subversivas.

Sea esto último cierto o no, lo que no puede negarse es que, por su diseño y operación, conforme a su misión y visión, una institución como esta de que se trata resulta ser un instrumento muy apto para transferir valores y cultura, cosa que invita, cuando menos, a actuar con cautela y prudentemente.

Recuerdo bien aquellas palabras del ilustre maestro don Antonio de Ibarrola: “Hay que buscar en nuestra historia la esencia de lo que somos, para renovarnos desde ella en vez de buscar las respuestas en la copia de modelos ajenos”.

A decir verdad, creo que, sin que ello implique negar el beneficio de la comparación con otros, habrá que estar muy atentos, porque ya hemos atestiguado, en demasía, la tendencia a adoptar, sin adaptar, los modelos y esquemas que vienen de fuera. Se hace con tanto entusiasmo que hasta se presume como buena práctica la “armonización”, aunque no siempre respondan a nuestras propias realidades.

No es que esté mal buscar respuestas, oír a los otros y aprender de sus experiencias, recibir asesorías, atender recomendaciones o buscar las mejores prácticas, pero hay que hacerlo sabiamente y con transparencia, porque la gente tendrá siempre el derecho de saber quién, a partir de que principios e ideas, se definen los proyectos que acabarán por delinear su destino.
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