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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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23 Febrero 2018 04:08:00
UAdeC: reforma inaplazable
El peso de La Laguna se empieza a sentir. Laguneros son el gobernador Miguel Riquelme, el fiscal general, los secretarios de Infraestructura y Transporte, de Salud, de Desarrollo Rural, del Trabajo y de Cultura, el líder del PRI y Eduardo Olmos Castro, cuya posición en el tablero político le confiere un gran poder. En un descuido también puede serlo el futuro presidente del Tribunal Superior de Justicia, lo cual no es necesariamente positivo por el cacicazgo y los intereses que representa el aspirante, afecto al pavoneo y al culto a su persona.

Sin embargo, no es La Laguna la que realmente pesa, sino el grupo en el poder desde el 1 de diciembre, reforzado con Salvador Hernández Vélez en la Rectoría de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC). La actitud de los laguneros, sobre todo de Torreón, es de cautela. Ver a uno de los suyos despachar en el Palacio de Gobierno después de más de medio siglo no ha generado entusiasmo fuera de los círculos de influencia política. La forma como se resolvieron las elecciones enfrió el ánimo social.

El castigo al PRI y a los Moreira se dio en Torreón, donde perdieron la Alcaldía con el panista Jorge Zermeño y las cuatro diputaciones locales, y no en Saltillo, donde recuperaron la Presidencia Municipal y fueron derrotados sólo en un distrito. La fortaleza de Riquelme está en la capital, no en la metrópoli lagunera. Tal situación le permitió tomar el control de la UAdeC con uno de los suyos (Hernández Vélez), a quien acompañó a su toma de posesión. El cambio fue atestiguado por el jefe de la corriente desplazada, José María Fraustro, y por último representante de ese grupo, Blas Flores Dávila, en sus nuevos papeles de secretarios de Gobierno y de Finanzas, respectivamente.

La ceremonia del lunes pasado en el auditorio Braulio Fernández Aguirre fue austera, la respuesta de la concurrencia tibia y los discursos de Hernández Vélez y Riquelme protocolarios. El objetivo de mostrar fuerza grupal, para objetivos políticos ulteriores, se cumplió. Sin embargo, el origen lagunero, por sí solo, no es garantía de nada. El Gobierno y la UAdeC afrontan circunstancias difíciles por la situación de las finanzas, el colapso del sistema de salud, la crisis pensionaria, el bajo nivel académico, la concentración de privilegios y la falta de credibilidad en las instituciones.

Entre 2016 y 2017, la UAdeC descendió del lugar 27 al 42 (15 posiciones) en el ranking de la revista de negocios AméricaEconomía. La Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro se ubica en el sitio 17 (tres por debajo del año pasado). Los retos del nuevo rector son enormes. El primero consiste en elevar la calidad de la institución en todos los aspectos. En la Unidad Torreón, particularmente, el nivel académico está por el suelo. “Salvador lo sabe y con toda seguridad pondrá atención”, me dice uno de los asistentes a la ceremonia.

La reforma prometida por Hernández Vélez debe ser profunda e integral. Sólo así podrá la UAdeC superar inercias y estar en condiciones de competir con las mejores instituciones de educación superior públicas y privadas del país. Hoy está muy lejos de serlo, lo cual implica, además del desaprovechamiento de recursos y talentos, la cancelación de oportunidades para miles de universitarios en un mercado laboral altamente competido. Otras condiciones para lograr la transformación es despojar a la casa de estudios de colores partidistas, marcar distancia con el Gobierno e involucrar a una comunidad universitaria aletargada en el proceso de cambio.
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