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Gerardo Hernández
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22 Junio 2018 04:08:00
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Para millones de mexicanos, el triunfo de Andrés Manuel López Obrador es inminente y celebran por adelantado el advenimiento de una nueva era para país; muchos lo consideran irremediable e incluso apocalíptico, pero también existen legiones empeñadas en evitarlo.

El líder de las encuestas les infunde temor, desconfianza y en algunos casos repulsión por prejuicios de clase. Quienes rechazan el cambio propuesto por AMLO tratan de inducir el voto útil y el de los indecisos por Ricardo Anaya, candidato de Por México al Frente (PAN, PRD, MC). El esfuerzo, a estas alturas, parece estéril.

Ni las elecciones de 2000 generaron tal activismo ciudadano. Los opositores de AMLO han tomado la ventaja de 20-25 puntos sobre Anaya como un acicate, pero el tiempo juega en contra de su empeño. Jorge Castañeda, coordinador de Estrategia de la campaña de Anaya, había sugerido una alianza entre el PRI y el PAN para cerrarle el paso a López Obrador, como ocurrió en 2006 y 2012.

La propuesta –respaldada por la élite empresarial– tenía sustento. Las principales fuerzas políticas suscribieron en 2013 el Pacto por México para impulsar las reformas del presidente Peña Nieto. Ante el persistente avance de AMLO en la intención de voto, el PRI, el PAN y el PRD pudieron haber renovado la alianza. Juntos tampoco habrían alcanzado a López Obrador, pero sí acortado las distancias. El golpe mediático, en vísperas de las elecciones, quizá hubiese modificado la tendencia en favor de Anaya, cuyos bonos subieron tras el debate en Mérida.

Sin embargo, el enfrentamiento de Anaya con el presidente Peña Nieto anuló cualquier posibilidad de acuerdo.

El candidato de Por México al Frente, segundo en las encuestas, podría tener una última oportunidad, de acuerdo con un análisis de El País: “La derrota de López Obrador, en caso de producirse, vendría seguramente por dos vías. Una posibilidad es que se produzca un cambio brusco en las encuestas durante el final de la campaña (lo cual no ocurrió, según la última medición de De las Heras Demotecnia). En ese caso lo veríamos en los últimos sondeos.

“La otra opción es que la sorpresa llegue el día de la elección y que el recuento demuestre que las encuestas estaban muy erradas. Eso no es imposible –ocurrió, por ejemplo, con el plebiscito colombiano en 2016, cuando las encuestas fallaron por 15 puntos–, pero no es algo frecuente. Por eso nuestro modelo mantiene a López Obrador favorito al 92%” (El País, 03.06.18).

A pesar de la embestida del gobierno de Peña Nieto y de no haber remontado en la parte final de las campañas, Anaya está convencido de ser el único capaz de derrotar a AMLO. Para Kiko Llaneras, analista de El País, la baza del más joven de los aspirantes presidenciales “pasa por coordinar el voto contra López Obrador.

Hasta el momento ha conseguido el apoyo de la élite empresarial, que ha desistido de apoyar a su favorito, Meade, para decantarse por Anaya”. Sin embargo, advierte, “hay un sector del PRI que se siente más cómodo con la victoria de López Obrador que con un triunfo del expresidente del PAN, el tradicional partido opositor en México”.

Las elecciones aún no están resueltas, pero cada vez pintan más a Morena. Sólo si la corriente azul, amarilla y naranja, impulsada por el antilopezobradorismo, la clase media y los grandes capitales se convierte en tsunami en el último momento, el final podría ser otro. Mientras tanto, AMLO es visto –y él mismo se asume ya– como presidente.
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